
Autor: Aprendiz.
Si la primera vez que viví mi primera experiencia como spanker estaba nervioso, en esta segunda no podía ser menos y mis nervios estaban algo más que a flor de piel, salían al exterior por todos mis poros.
En la anterior ocasión quise que todo lo que aconteciera en esa sesión fuera fruto de mi imaginación, fantasía o morbo, llamadlo como queráis, así que me abstuve de documentarme e intenté aislarme cuanto me fue posible para no "contaminar" la escena, o sea, mi cabeza.
Para esta vez el reto, creo que como para todos, era superarse, intentar hacer las cosas de nuevo del agrado de la otra persona, pero innovando en la medida de lo posible. Para eso me dio alguna pista importante el relato de Selene:
A-T-A-M-E, del cual salió parte de la inspiración para esta segunda entrega.
Me tuve que documentar en algunos aspectos que a continuación iréis descubriendo, hice mis gestiones para hacerme con una camilla de masajes para darle un toque, creo que innovador, a nuestro encuentro.
Pasadas las 9.30 de la mañana, me presenté en el lugar acordado provisto de una camilla portátil para dar masajes, tras un café, y un rato de charla y risas como siempre llegó la hora de comenzar.

Le sugerí a ella que se desnudara por completo y se tumbara sobre la camilla para realizarle lo que se llama un masaje vital-corporal, o de relajación. La confianza y la relajación creo que son dos puntos básicos para cual relación sea del tipo que sea.
Mis manos cubiertas de aceite iban recorriendo la piel de ella. Suaves pases y movimientos delicados para llegar a todos los rincones de su cuerpo. Para conseguir una total relajación al principio intente evitar zonas erógenas que pudiera hacerla sentir algo incomoda, pero enseguida descubrí que cada vez que mis dedos se deslizaban por la cara interna de sus muslos, muy cercano a su sexo, sus pulsaciones y respiración se veían alteradas.
Por tanto no dudé en proseguir con el masaje y comenzar a acariciar aquellas partes de su cuerpo que rara vez se muestran, pero que parecían ofrecerse para mí. Su respuesta fue inmediata y de nuevo comprendí que el masaje iba por buen camino, consiguiendo uno de mis propósitos.
Una vez que termine la cara anterior de su cuerpo, le pedí que se diera la vuelta. De nuevo aceite en mis manos, mis manos sobre su cuerpo, esta vez ya tenia al alcance sus muslos, nalgas y espalda. Mi empeño era realizar todo el masaje de la cara posterior de una manera "profesional" y que mi mente y mis manos sobre todo no cayeran justo en la zona de sus glúteos, quería que los azotes ocurrieran un poco mas tarde.
Cuando hube terminado el masaje completamente y visto que no podía aguantar más sin azotar sus nalgas, comencé a acariciarlas y aprovechando que ella mantenía su cabeza metida en el hueco de la camilla, propiné mí primer azote inesperado.
En esos momentos me quedé en blanco, mi inexperiencia en estas prácticas hizo que me olvidara de un motivo, de un castigo por el cual yo llevaba a cabo esos azotes, pero mi palma de la mano seguía impactando en sus ya rojas nalgas.

A la vez que ella recibía ese "castigo", mis dedos buscaban oscuros objetos de deseo que completaran su satisfacción, la mía ya era grande, pero yo buscaba más que otra cosa la suya, y en efecto lo conseguí.
Acabados los azotes recibidos por ella sobre la camilla, y tras un corto tiempo de relajación, cogí un pañuelo negro que ella me facilitó, corté trozos de cuerdas del mismo tamaño y comenzó la segunda parte del juego.
Con los ojos ya vendados la dirigí hacia un costado de la camilla, ella estaba de pie y la recliné para que su torso descansara sobre la camilla de forma que por el otro lado pudieran colgar sus brazos. Até sus muñecas con la cuerda y ésta a las patas de la camilla con lo cual dejaba inmóviles esas extremidades. El simple hecho de verla con los ojos vendados, y atada, produjo en mi una reacción que creo imagináis todos.
Me acerqué por detrás y le susurré el motivo por el cual la iba a castigar. Ese motivo queda entre ella y yo. La tensión por su parte era alta porque no podía saber en que momento llegaría el azote. Recogí los implementos y los coloque sobre su espalda para que ella supiera o notara con su piel, de que objetos se trataba y cual iría cogiendo.
Comencé con una paleta de madera (de cocina) me coloque justo delante de su cabeza de forma que tenia que reclinarme ligeramente para llegar a sus nalgas. Me pareció una postura bastante morbosa, golpear su trasero a la misma vez que podía sentir mi sexo muy cerca de ella.
La cadencia de los azotes así como la fuerza empleada en ellos habían sido mejorados con respecto a la primera vez. Fueron 30 azotes alternos con este implemento viendo que los resultados tanto físicos como
"emocionales" eran mas que positivos.
Mi sexo contaba por aquellos momentos con una importante erección, y no pude reprimir mi instinto de acercarlo hacia su boca. Ella lo recibió con lo que fue quizás un pequeño sobresalto de no esperarlo, pero enseguida participó de mis deseos.
Complementariamente a este juego oral, cogí la regla de madera, y fui castigando de nuevo sus rojas nalgas. Os puedo asegurar que esa sensación fue de lo más excitante y morbosa, creo que para ambos.
Otros 30 azotes alternos, tras eso un paro de nuevo, pero no mucho respiro, me coloque ya en la otra parte de la camilla, cercana a su trasero, por unos momentos pensé que podía sentirse dolorida, no había visto nunca el resultado de estos azotes y temía por su incomodidad.
Pero como en ningún momento obtuve por su parte una respuesta negativa hacia ellos, continué con otros 30 más, esta vez con la mano, con su glúteo muy cerca de mi y su sexo aun más. Fue la combinación de mi mano golpeando con el juego de mis dedos lo que provocó en ella..., dejémoslo en una extrema relajación.
Desaté sus manos de la camilla, puse un cojín en el suelo, la acomodé de rodillas, y volví a atar sus manos sobre la espalda, acerque un sillón y la guié hasta recostar su cuerpo en el. La postura de nuevo de lo más atractiva para continuar con los azotes.
Otros 30 mas, y otros 30 de nuevo, sin mas descanso que el que me permitía darme un respiro para ver sus reacciones que a la vista estaban, cuando conseguí el objetivo de satisfacción por su parte, desaté sus manos, las liberé de la cuerda, pero no desaté el pañuelo de los ojos, simplemente la dejé hacer, ahora después del castigo, si quería podía obtener alguna recompensa.
.../...
Bueno, este es todo el relato, se que no es un relato de spanking al uso, no es de la ortodoxia de muchos, pero como ya dije, la ortodoxia la marca cada uno según sus gustos. A lo mejor hay alguien al que le moleste las alusiones implícitas al sexo a parte de los azotes, si es así, lo siento mucho, pero es mi historia y quería compartirla con vosotr@s.
servido por relatosselene
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Autor: Aprendiz.
Probablemente para todos los creyentes la noche del Viernes Santo, está colmada de emociones y sobre todo de pasión, sin embargo para mi esa noche si significaba "pasión" y "emociones" pero de otra clase e infinitamente distintas a las que pudieran sentir otras persona
A la 1,15 sonó el reloj, no fue para mí un despertar inesperado puesto que a esas horas aun no había podido conciliar el sueño y menos sabiendo todo lo que iba a suceder después.
Cogí mi mochila que estaba preparada junto a la puerta para que no se olvidara ni un detalla, en el interior, mi uniforme. (Permitidme que no especifique más sobre él).
Tal y como lo habíamos hablado la manera de romper el hielo esa noche seria tomarnos una copa antes y charlar un rato y reírnos como una de tantas veces que lo hemos hecho. La amistad que me une con ella, desde hace tiempo facilitó mucho las cosas, aunque ambos estábamos muy nerviosos.
Yo llevaba toda una semana preparándome un "guión" para que me fuera más fácil ejecutarlo, pero los nervios hicieron que no me acordara de nada. Tampoco quise leer relatos y "recomendaciones" sobre el mundo spanko, quería que saliera como saliera, fuera mi modo, y a partir de ahí ya trazar unas líneas a seguir, aprender y empaparme de información si es que la experiencia resultaba positiva para mi.
Pero lo que mas me importaba es que la experiencia fuera positiva para ella y para ello me asaltaban muchas dudas sobre si lo haría bien, será de su agrado, sabré comportarme, cuando llegue el momento de los azotes: ¿cómo he de darlos?, ¿le haré daño?, es lo último que quisiera.
Estábamos los dos sentados tomando una copa, fumando, en tensión, pero relajados ya os digo, por la amistad que nos une.
En un momento en el que ella se llevaba el cigarrillo a la boca, le dije, no lo enciendas, ha llegado la hora. Ella tomó su camino para vestirse, y yo me quedé en el salón haciendo lo propio, sacando el uniforme de la mochila. En estos momentos me encontraba mas nervioso aún, pero deseando de que apareciera por la puerta para empezar todo el juego.
Abrió la puerta y apareció vestida con camisa blanca, corbata, minifalda, medias blancas y botas negras, pelo ligeramente engominado a propuesta mía.
Estaba realmente atractiva, yo estaba frente a ella mirándola de arriba a bajo, recreándome en la minifalda y las botas. Ella se lanzó al cigarro que había dejado sobre la mesa con la intención de encenderlo. No dejé ni que lo tocara y le pregunté: ¿Pero tú fumas?, no, contestó ella con la mirada puesta en el suelo. ¿Entonces porque has ido a coger el cigarro?, No se, replicó ella.
- Mal empezamos, tú crees que una niña como tu debería fumar, la impresión que me ha dado es que has ido a coger el cigarro porque tu fumas.
Ella volvió a negarlo.
- Sírveme una copa.
Una vez servida la copa a mi gusto le dije que me diera la libreta donde había ido apuntando todas las palabrotas, veces que había llegado tarde al trabajo, que había sido descortés.
La lista era grande, muy grande, comencé a leérsela en voz alta, hoja por hoja y palabra por palabra a la vez que le pedía explicaciones de porque era tan reincidente en ese tipo de actitud.
- Se me escapan, dijo con voz temblorosa.
- Creo que esto necesita de un correctivo para que así aprendas a comportarte como es debido, de momento y mientras pienso como he de hacerlo, ve al rincón, eso te ayudará a recapacitar sobre tus actos.
Se dirigió al rincón mientras yo remojaba mi paladar y leía para mi todas aquellas palabras malsonantes y se las volvía a repetir y a recriminar. Me acercaba a su oído y le regañaba por esa boca tan sucia que tenía.
Sus piernas estaban temblorosas, yo me iba relajando un poco más, pues veía que me estaba gustando el juego y empezaba a disfrutarlo.
- Estarás conmigo que por mucho que te digas las cosas, tu actitud sigue siendo la misma, por lo que no me queda más remedio que el castigo físico, sólo así aprenderás buenos modales como corresponden a una chica de tu edad.
- Levántate la falda.
Ella se levantó la falda mas temblorosa aún, pero percibía que lo estaba deseando, que quería que comenzara a azotar sus nalgas.
Debajo de la falda encontré unas braguitas blancas, y sobre ellas empecé a golpear sus glúteos a la vez que iba diciendo una a una todas aquellas palabras que tanto dolían a los oídos de una persona educada.
Acabada la primera página y dejándola recapacitar un poco, le pregunté que si estaba dispuesta a corregir ese comportamiento. Tuve una duda como respuesta, por lo que me vi obligado con retomar el castigo físico.
Indudablemente si no encontraba por su parte una respuesta satisfactoria hacia el cambio de comportamiento, los azotes debían proseguir.
Me senté en un sillón y le ordené que se pusiera en mi regazo. Levanté la falda con mi mano izquierda, luego me hice de la libreta con la misma mano, y la derecha era la encargada de aplicar el correctivo alternando una nalga y otra.
No dejé por un momento que se relajara puesto que evidentemente debía saber que todo eso lo hacia por su bien, por corregirla.
Deslice hacia abajo sus braguitas, dejando al aire la piel algo ya marcada de su precioso trasero. Era hora de que mi piel impactar moderadamente con su enrojecido glúteo.
A la vez que mi mano impactaba sobre ella, iba contado el número de azotes, conjuntamente con la explicación de la palabra malsonante por la cual recibía ese castigo.
Una vez terminada la pagina, volvió al rincón a recapacitar.
Pasados unos minutos, ella se encontraba de nuevo sobre mi regazo para proseguir, la lista era larga.
Un azote detrás de otro. Entonces percibí unos movimientos de su pelvis acompañados de unos temblores de piernas. Comprendí perfectamente lo que estaba sucediendo e imprimí mas rapidez en mis azotes hasta que vi finalizados esos espasmos. Acaricié sus glúteos y la permití sentarse en el sillón para que se sintiera más cómoda.
Transcurridos de nuevo unos minutos, y enjugada mi boca de nuevo, le pedí que se bajara al suelo y se apoyara de rodillas y con las palmas de las manos sobre el suelo también.
Había llegado el momento de seguir con el castigo físico pero empleando los distintos objetos que había dispuestos sobre la mesita para tal fin.
Paleta de cocinar, cepillo de peinarse, varilla de madera, regla de madera, todos ellos fueron pasando poco a poco por mis manos, necesitaba comprobar mi pericia con el manejo de estos utensilios y saber la reacción que a ella le provocaban.
Era una mezcla de pasadas suaves sobre su piel y el inesperado azote por detrás sin que ella viera cuando se iba producir.
Y para terminar con los castigos físicos me coloqué delante de ella, retiré mi cinturón del pantalón y lo usé , quizá con menos pericia que con el resto de los objetos.
Pasados unos minutos de nuevo, le dije que el juego había concluido, que ya se podía relajar. La abracé, nos sentamos, bebimos y compartimos nuestras sensaciones.
servido por relatosselene
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