Autor: Maxwell.
Estaba esperándola en el aeropuerto, pero ya comenzaba a impacientarme. Su vuelo hacia ya rato que había aterrizado y no la veía ni mi teléfono sonaba. ¿Que estaría haciendo? Los intentos por contactar con ella daban como resultado la locución que odia todo spanker. Una chica con voz dulce y melodiosa nos dice que lo siente que el teléfono esta apagado o fuera de cobertura. Lo que daría por tener a esa chica sobre mis rodillas 10 minutos. Si que se lo haría sentir.
Tras unos minutos más de larga espera apareció una chica de ojos rasgados y piel dorada bajo el sol. Se notaba en su exótico cuerpo la mezcla de razas.
-Hola, me alegra verte por fin- le dije mientras la abrazaba.
-A mi también me alegra verte- dijo en un perfecto castellano que ponía de manifiesto que nunca visito Egipto el país de su padre.
Comencé a caminar y como un perfecto caballero me volví para ayudarla con la maleta, entonces los dos nos dirigimos al aparcamiento donde el coche de alquiler nos esperaba. Durante el camino proseguimos con nuestras charlas de Internet. Solo se vio interrumpida esta amena conversación por la visión de la torre Agbar. Llegamos a la conclusión que en algún lugar deben hacer una con forma de lo que ella guarda entre sus muslos.
En el hotel todo fue muy tranquilo ya tenía el registro hecho así ahorramos tiempo. Y fuimos directos a la habitación al sacar las maletas del coche también se incorporo una mochila mía que escondía los instrumentos educativos.
-¿Por que tardaste tanto en salir?
-Me registraron la maleta. Les resulto llamativo mi equipaje.
-Estoy convencido de ello pero luego miraré lo que se vio allí. Ahora quiero saber:
¿Por qué no estudias para los exámenes?
¿Por qué te han retirado 5 puntos del carné?
¿Por qué sigues fumando?
¿Por qué te acuestas tarde todas las noches hablando por el msn?
Ella bajo la carita y la puso triste –Lo siento no volverá a ocurrir- y me lanzo una mirada por la cual le habría perdonado un mundo pero como buen Spanker su educación me corresponde y no me puedo dejar influenciar por mis sentimientos.
-Señorita, quiero verla cara a la pared con la puntita de la nariz tocando la y las manos sobre su linda cabeza.
Me dirigí a mi mochila y saque los correctores. Una buena fusta, una raquetita de madera, una cinta adherente… Después de extenderlos bien sobre la cama decidí que me merecía una ducha relajante, dicho y hecho saque las últimas cosas que había puesto, ropa limpia. Me tome mi tiempo en el ducharme, afeitarme, sacarme, peinarme y echar vistazos esporádicos a mi díscola jovencita para ver si se había movido un milímetro. Cuando le eché el último vistazo me di cuenta de que el preliminar era más duro de lo esperado pues sus bonitos zapatitos de estreno no eran todo lo cómodos para la posición y ella lo sabía.
-Por que las mujeres os empeñáis en haceros altas a base de sufrir. Descálcese jovencita esto no es una boda ni un baile donde vaya a lucirse.
-Sí señor.
Con gran destreza consiguió descalzarse sin que percibiese que retiraba la nariz de la pared, es más decidió apretarla más para evitar este hecho.
-Cuando quieres eres muy obediente- le dije mientras acariciaba su sedoso pelo. –Te mereces un premio coge el cepillo de madera que hay sobre la cama y cuida tu precioso cabello acariciándolo 50 veces.
Muy contenta seguramente por tener sus pies más aliviados agarro el cepillo y delante del espejo de la habitación comenzó a disfrutar de su premio. Al observar su figura mirándome por el espejo observé como movía los deditos de los pies. Graciosa chiquilla, ante mi se comporta como una muchachita arrepentida pero si no estoy vuelve a las andadas en menos que canta un gallo.
-Termine, señor.
Me acerque y sentándome sobre la cama la puse en mis rodilla. Entonces empecé a azotar esas bonitas posaderas. Ella enseguida empezó a moverse y me costo algo poderla inmovilizar pues en su empeño por que no la azotase hasta corría el riesgo de caer al suelo.
-Estate quieta o te harás daño tu solita y eso no cuenta ni como un azote.
-Suéltame y me estaré quieta, bruto.
Sus piernas de bailarina eran muy preciadas por ella y es por eso que no recibiría ni un solo azote, pero me tenía que reprimir. Aparte eran fuertes y no estoy seguro de que si de verdad hubiese querido escapar no lo habría hecho ya.
Le subí la faldita y contemple unas bonitas braguitas rosas con un dibujo muy sugerente. La silueta de un muñeco azotando a otro y un pequeño texto acompañándolo “Si puedes leer esto no imites el dibujo”. Decidí hacerle caso, seguramente habría hecho esas braguitas solo para esta ocasión. Le quite las braguitas y aproveche el movimiento descontrolado de su brazo para robarle el cepillo y usarlo para el fin que lo había traído. Darle ese color tan favorecedor a sus posaderas y tan importante para su aprendizaje. Tras unos minutos de forcejeos de dudosos objetivos, decidí que ese culito estaba lo bastante coloradito.
La levanté y la llevé del brazo frente al espejo, y le levanté la falda.
-Eres una chica muy traviesa, mira como quedo tu culito.
-Pobrecito- dijo mirando el reflejo en el espejo mientras en su semblante se dibujaba una carita de niña buena.
-¿Sabes que no hemos terminado?
-¿Aún más señor? ¿No se si lo soportaré? ¿Cuántos serán?
-Ahora los calcularemos, no te preocupes.
Le quite la blusa y el sujetador y la tumbe bocabajo en la cama. Saque de mi neceser las herramientas necesarias para satisfacer las inquietudes de esa jovencita. Me senté a su lado y en un cuenco de madera hice la mezcla que leí en aquella Web.
Ella me observaba a través del espejo, sin perder detalle de mis movimientos.
-¿Has dormido lo que debías?
-No, señor.
Dibujé con mi pincel y la tinta que acababa de preparar un proyecto de cama y un
-¿Has estudiado para sacar buenas notas?
-No mucho señor.
Esta vez dibuje unos libros y la cifra de 60.
-¿Dejaste el fumar como me prometiste?
-lo siento señor.
El cigarro me salio muy bien, y la cifra de 100 me quedo fantástica.
-¿La alimentación es sana?
-Muchísimo, mi señor.
Vaya en parte era un alivió, ¿que habría dibujado?
-¿Haces esperar a la gente?
-…
Dibujé un reloj y la cifra de
Me levante de su lado y fui al lavabo, limpié todos los instrumentos a conciencia mientras admiraba mi obra de arte. Podía ver en su mirada las ansias de saber lo que había escrito en su espalda, pero sabía que no podía pedirlo.
Tras haberlo guardado todo bien seco y listo para ser usado cuando fuese necesario me agache a su lado.
-Eres preciosa, y ya tienes lo que me pediste. En tu espalda están todas las faltas cometidas y el número de azotes que recibirás. Aquí están los tres instrumentos con los que te los daré.- Le señale mi cinturón, una raquetita de pipón, una zapatilla playera y una cane.
-Gracias señor.- Dijo con voz suave y cariñosa.
-Levántate y míralo que lo estas deseando.
No hizo falta que se lo repitiera, rápidamente se levanto y fue al espejo para poder leer lo que estaba escrito. El contemplar esas cifras la excito muchísimo, miraba su reflejo y los instrumentos y se hacia imágenes mentales de cómo sería su castigo.
Me acerque a ella y le solté la faldita. La agarre del brazo y me la lleve hasta donde estaban los juguetes, dejando frente al espejo la falda. Cogí el cinturón y la recosté sobré la cama. Acaricié ese bonito culito con el cinturón que pronto no sería tan delicado con sus posaderas.
Comencé la azotaina. Fueron 40 azotes muy severos en varias ocasiones le tuve que recordar que el ser una chica traviesa que no se queda quieta al recibir su castigo tiene consecuencias muy graves. Ella parecía entenderlo pero eso no evito que un par de azotes fuesen a sus muslos. Una poca medicina extra no le haría ningún daño.
Tras terminar la puse sobre mi regazo y empecé a darle los azotes con la raquetita.
-Se que te duele, pero tu te lo has buscado jovencita.
-Paré, por favor me portaré bien.
-Te portaras bien si paro pero se que también lo harás si no paro y como esto te lo tienes merecido. Pues no pienso parar.
Tras terminar el perfeccionamiento de mi saque en ese juego que nunca practique, agarré la zapatilla playera. Esto si le iba a doler. Al terminar de darle los azotes pertinentes note como mi pantalón estaba húmedo y ella estaba más parlanchina que antes. La levante de mi regazo y pude comprobar como una mancha había salido en la parte en la que ella tenia la entrepierna.
Me levanté y decidí poner mejor el espejo de la habitación. Lo puse mirando a donde ella estaba y entonces volví a cogiendo la cane azote esos últimos 45 azotes merecidísimos. Ella miraba con especial atención la escena que ocurría en el espejo, parecía querer ser la protagonista de los acontecimientos que allí veía. Tras darle el último de los azotes. Se giro y se abrazo a mí dándome un gran beso.
Terminamos amándonos en la cama y en la ducha. Y nos habríamos amado si no fuese por el sonido de mi móvil advirtiéndome que tengo que entrar a trabajar.
-Lo siento mi vida, tengo que marchar pero enseguida regreso.
-¿Cuanto es enseguida?
-7 horas.
-Te esperaré, aunque ya no podré ver lo que escribiste en mi espalda.
-No te preocupes tengo todavía tiempo para dibujarte un coche y la cifra que le corresponde a perder 5 puntos.
Al salir por la puerta ella aún se contemplaba la espalda en el espejo.
