Alex...
Autor: Saskia_spankee.
Un matrimonio forzado no era la mejor solución a sus problemas, pensó la joven Alexandra. La heredera de la fortuna de los Lindsey decidió que lo mejor sería desaparecer durante una temporada, solo hasta que tuviera la edad suficiente para hacer frente ella sola al tutor que se encargaba de manejar su inmensa fortuna.
Después de pensar largamente cual sería la manera más segura de que Lord Finnegan no diera con su paradero, decidió vestirse de chico y enrolarse como grumete en el primer barco que zarpara al Nuevo
Así es como el joven Alex fue a parar a la galera del capitán Derek McGregor, el más apuesto y temperamental de los piratas de su época. Al capitán no le pasó por alto algunos detalles de aquel joven sumamente atractivo que se presentaba ante él como Alex: una piel blanca apenas rozada por el sol, unos ojos claros bordeados por largas pestañas y un cuerpo menudo escondido bajo ropajes de algún pequeño sirviente. Apostaba su mano derecha a que Alex no tenía los catorce años que aseguraba tener.
Derek decidió que aquello sería una buena distracción durante el viaje, siempre y cuando no estuviera muy a la vista de la tripulación, puesto que no quería que la identidad de la joven fuera descubierta y hubiera una rebelión a bordo.
Alex fue nombrado ayudante de cámara para evitar el contacto con los otros marineros y no tenía permiso para salir de la cubierta del alcázar y del castillo de popa.
Apenas si había pasado una semana cuando el aburrimiento se hizo patente tanto en el capitán como en Alex. Las horas se hacían largas y Alex casi no tenía tareas que hacer: llevar la comida del capitán al camarote dos veces al día y ordenar todos sus enseres. Mientras tanto, Derek jugaba con el secreto que Alex guarda tan celosamente. Se sorprendía muchas veces observándola detenidamente y preguntándose cual sería su aspecto bajo las calzas azules y aquella camisilla blanca escondida bajo el chaleco que disimulaba sus pechos.
Alex pronto demostró que no estaba preparada para servir a nadie, puesto que siempre había tenido al menos media docena de sirvientes a su disposición y junto a las excentricidades del capitán McGregor sacó todo su carácter de niña consentida, descuidando tanto sus labores como sus modales.
Cuando una noche tardó más de una hora en aparecer por el camarote con la cena, la paciencia de Derek se agotó.
- ¿Dónde diablos te has metido, muchacho? – masculló Derek, angustiado por el paradero de la chica.
- Lo siento, capitán, me quedé dormido…- Alex se daba cuenta de que el ambiente se estaba enrareciendo por momentos.
- ¿Durmiendo? ¿Y dónde se supone que estabas durmiendo, si tu hamaca está en este camarote? Joven Alex…confiesa ahora mismo si no quieres que te de un tirón de orejas!
Alex se sentía atrapada, tendría que confesar que había estado husmeando por cubierta y eso le supondría tener las orejas doloridas durante un par de horas.
- Capitán, yo…asomé un poco la cabeza por la toldilla para ver el mar y me adormecí junto a un cabo de cuerda. No fue mi intención llegar tarde…
- ¿Has estado en cubierta? Sabes que lo tienes expresamente prohibido, Alex…y aún así me desobedeces deliberadamente. ¿qué voy a hacer contigo? ¿Dónde has vivido hasta ahora Alex, que eres incapaz de someterte? A cualquiera de los otros hombres los habría mandado azotar por mucho menos.
- ¿Me va a azotar, capitán?- preguntó Alex sumamente sobresaltada. No se le escapaba el gran magnetismo que ejercía Derek sobre ella, y la idea de que la azotara no le entusiasmaba demasiado.
- No, Alex. No puedo mandarte ahí arriba y mandar que te azoten con un látigo, eres apenas un niño. Pero te juro que como me vuelvas a desobedecer y subas ahí arriba solo, te pondré sobre mis rodillas y no pararé de azotarte hasta que lleguemos a Tortuga. ¿te ha quedado suficientemente claro?
- Si capitán…
- Y ahora, desaparece de mi vista. Que Clifford te dé alguna tarea que hacer fuera de aquí antes de que me arrepienta de dejarte marchar.
Desde aquel momento, un sufrimiento silencioso se hizo presa del capitán McGregor. Se daba cuenta del poco cuidado que tenía Alex en mantener su secreto y en la poca capacidad que tenía la chica para pasar desapercibida. Se notaba que pertenecía a una familia noble puesto que la había sorprendido leyendo alguno de sus libros cuando se creía sola. Y sus modales eran demasiado refinados para ser un simple sirviente como afirmaba ser. No tenía ni idea de la procedencia de su enigmática Alex pero quería poseerla con todas sus ganas y protegerla de aquello de lo que estuviera huyendo.
Había mandado a su segundo de abordo, Clifford, su más leal camarada, que la vigilara atentamente cuando saliera del camarote para evitar que se metiera en líos.
Pasados unos días del incidente de la cena, Alex volvió a las andadas. Harta del aburrimiento que suponía estar siempre en el castillo de popa, decidió salir a tomar un poco el aire a cubierta.
Un galeón de
Al principio, despertó un poco de curiosidad ver al niño bonito del capitán paseándose a sus anchas por cubierta, pero pronto volvieron todos a sus quehaceres, ignorando al crío de piel prístina y cabellos rojos.
Alex se sentó junto a una culebrina para observar mejor el azul paisaje que se extendía millas y millas, hasta que alguien la empujó por detrás y la dejó tumbada en el suelo.
- Sal de en medio, niño del diablo si no quieres que…- le espetó Hawkins, un marinero con aspecto rudo.
Alex se incorporó lo más rápidamente posible y cuando Hawkins se disponía a marcharse, entrelazó una de sus piernas entre los pies del marinero haciéndole caer cuan largo era. Las risas del resto de la tripulación sonaron al unísono y Alex supo que se había metido en un lío.
- Maldito mequetrefe, como te ponga las manos encima te voy a retorcer el pescuezo!...
Alex empezó a retroceder sin perder de vista a Hawkins, aunque este intentaba cercarla por donde podía. Alex rodeó el trinquete sin dificultad y ya se dirigía al palo mayor cuando vio que su oponente estaba muy cerca, así que se agachó haciendo que Hawkins tropezara con ella y cayera nuevamente al suelo. A esas alturas todo el mundo coreaba su nombre y Hawkins estaba realmente fuera de sí. Alex sabía que su vida corría peligro y que si era atrapada antes de llegar al castillo de popa seguramente sería lanzada por la borda. Saltó por encima de unos barriles de pólvora y se dirigía al palo de botavara cuando chocó contra algo muy duro y cayó de culo al suelo. Cuando levantó la vista se encontró con la cara del capitán Derek.
- Fuera de aquí Hawkins, yo me ocupo del muchacho – advirtió Derek –
Tendría que haberlo hecho hace mucho tiempo…
Hawkins no estaba de acuerdo con la decisión del capitán pero la mirada fría que mantenía Derek le hizo bajar la cabeza y volver a su trabajo. Poco a poco la tripulación volvió a sus tareas aunque aun seguían mirando al capitán y a Alex. Ella aun estaba en el suelo mirando a su apuesto capitán que únicamente vestía medias blancas, calzas de ante gris oscuro y una camisa medio abierta. Estaba claro que había salido a medio vestir puesto que no llevaba zapatos, ni casaca ni corbata. Lo que si se había acordado de ponerse era el ancho cinturón con su trabuco, quizás pensando que los abordaban. Alex estaba agradecida de haber escapado de las garras de Hawkins con vida, aunque sabía que el día no acabaría bien para ella.
- Arriba, Alex! Tenemos un asunto pendiente tu y yo.
Alex sabía cual era exactamente ese asunto y no sabía como hacer frente a una situación así. Nunca había sido azotada, y sentía demasiada atracción por Derek como para ponérselo fácil.
- No! – se arrepintió casi en el mismo momento en que salía la negativa de su boca.
Derek no se lo esperaba, jamás desde que era capitán había tenido un no como respuesta a una orden. El nunca hubiera dudado en pasar por la quilla al temerario que osara hacerle frente. Alex se lo estaba poniendo muy difícil, la tripulación los miraba y el tenía que darle una lección al supuesto grumete. La levantó del suelo de una oreja mientras le daba dos sonoros azotes en el trasero.
- Serás afortunado si consigues sentarte antes de llegar a Tortuga!!- masculló Derek.
Y acto seguido se la cargó al hombro dispuesto a dirigirse a su camarote.
- Ya sabía yo que me arrepentiría en el mismo momento en que pusiste los pies en este barco.-susurraba Derek- Procura ser discreto hasta que lleguemos al camarote…porque una vez allí se oirán tus gritos hasta en las bodegas…
Alex estaba muy asustada, sabía que en cuanto llegaran allí sería duramente azotada y si al capitán se le ocurría zurrarla sin calzas, su secreto quedaría desvelado. Así que no se le ocurrió otra cosa que morder al capitán en la espalda. Éste profirió un grito al tiempo que la soltaba bruscamente. Alex cayó de cabeza mientras Derek se llevaba una mano a la zona de la mordedura. Antes de que Alex se repusiera de la caída se sintió levantada y zarandeada por dos manazas. El capitán cerró un baúl con una patada y se sentó encima colocando a Alex bocabajo en sus rodillas.
- Eres un chico estúpido! – y mientras decía esto empezó a azotar las nalgas de Alex duramente.
- Se te van a quitar las ganas de desobedecer a tu capitán, aunque sea lo último que haga.

Alex estaba ya dolorida y aun no llevaba ni una decena de azotes. Intentaba escapar de las manos de Derek pero cada vez que hacía un nuevo intento era azotada más duramente. Las manos del capitán eran enormes y caían con una fuerza desmesurada por todo su trasero. Iba alternando las nalgas y de vez en cuando le azotaba justo en medio del trasero o en la parte más baja, donde empiezan los muslos. La intención era que Alex no se sentara realmente en una buena temporada.
- Espero que esto te sirva de lección porque no te voy a pasar ni una más, jovencito.
- Basta, por favor!! No me azote más!!- repetía Alex sin cesar. Tenía las nalgas al rojo vivo.
- Esto se acabara cuando a mi me parezca oportuno!! Eres un niño muy malcriado y estás recibiendo el castigo que te mereces…
Derek estaba empezando a excitarse. Alex no paraba de moverse encima de sus rodillas y tocar sus nalgas aun cuando fuera encima de la ropa y tan bruscamente era demasiado para su libido. Los rizos que Alex sujetaba en una trenza para no llamar la atención se estaban empezando a soltar y sus redondas nalgas estaban demasiado expuestas a los ojos de una tripulación que se había congregado a ver el castigo del imprudente grumete.
Derek incorporó a Alex, que lloraba desconsoladamente y sin darle tiempo a reaccionar se la llevó hacia su camarote. Antes de entrar se dirigió a Clifford y le dijo:
- Que nadie me moleste!! Y no quiero que entres aquí oigas lo que oigas. Queda claro? – gritó.
- Si, capitán.- respondió pausadamente Clifford.
Cerró la puerta con llave y fue a su mesa para servirse una copa. Necesitaba aclarar todas sus ideas antes de decidir nada apresuradamente. Alex se frotaba las nalgas, se dirigió a su hamaca para no llamar más la atención.
- Ni se te ocurra, Alex. Aun no hemos terminado!
- Pero si ya me ha dado una zurra!- lloriqueó Alex.
- Eso ha sido solo por el mordisco, pequeño diablo. ¿De dónde has sacado esos modales? ¿Qué has hecho para que Hawkins te persiguiera por toda la cubierta? Y por el amor de dios, ¿qué hacías allí arriba?- se sirvió una segunda copa de ron intentando volver a mantener la calma. La sola idea de verla en manos de Hawkins lo estremecía.
- Solo intentaba defenderme…y es tan aburrido estar aquí abajo todo el tiempo…solo quería distraerme un rato, de veras.
Derek estaba excitadísimo. Tenerla en sus rodillas había sido demasiado. No podía mantener más tiempo su secreto. Había estado con infinidad de mujeres en todos los puertos donde habían desembarcado, pero la pequeña Alex le había cautivado por completo. Solo quería protegerla de los hombres de allí arriba…
-Ven aquí, Alex! Acércate.
Alex se acercó hasta donde estaba sentado el capitán.
- ¿Qué edad tienes, pequeño? – susurró.
- …Catorce, capitán…
- ¿Sabes?…quizás te he subestimado. Eres pequeño para tu edad. Debería haberme hecho cargo de ti más cuidadosamente. Una zurra en el trasero es un castigo muy infantil para un muchacho de catorce años…- Derek solo intentaba que Alex se descubriera.
- Puede que no, capitán. Nunca fui azotado antes…
- Pienso, que quizás debería castigarte con mi cinturón, ese que sueles observar tanto…y a culo descubierto!- dijo divertido Derek.
- No, capitán. Soy muy mayor para eso…-Alex estaba entre la espada y la pared.
Derek se desabrocho lentamente el cinturón, conteniéndose para no desnudarse enteramente y poseerla allí mismo. Se acercó al oído de Alex y le dijo:
- Bájate los pantalones, Alex…o debería decir Alexandra…
- Usted lo sabe!- gritó Alex.
- Ja ja ja! Claro que sí, Alex! Desde el mismo momento en que viniste a pedirme trabajo. Habría que ser ciego para no darse cuenta de lo que hay bajo ese disfraz. Aunque no debes preocuparte, tu secreto está a salvo conmigo.
- Capitán, Derek…yo…y ahora?
- Ahora vas a bajarte los pantalones, recuerda que tenemos un asunto pendiente.
- No es justo! Ya he sido castigada! Tengo las nalgas despellejadas.
- Te recuerdo que has sido castigada por morderme delante de mis hombres. Y prefiero no volver a recordarlo! No quiero que subas ahí arriba. Esos hombres podrían matarte o peor aún…no quiero ni pensarlo! Tu lugar está aquí abajo donde pueda controlarte y no hagas más estupideces que te pongan en peligro. ¿Te ha quedado claro?
- Si, capitán, pero…
- Bájate los pantalones. O, mejor aun, quítatelos. Así no tendrás tentaciones de salir de aquí. Y apóyate en mi mesa.
Alex, se los quitó lentamente dejando al descubierto unas hermosas piernas y un trasero rojo como su cabello. Derek se quedó sin aliento, llevaba mucho tiempo esperando este momento. Se apoyó en la mesa de él y esperó su castigo.
- Lo entiendes ¿verdad?-preguntó Derek.
- Si, capitán.
El primer azote cayó justo en medio de las nalgas. Alex dio un respingo y sollozó. Los siguientes azotes cayeron repartidos por sus nalgas con diferentes intensidades. Derek no quería lastimarla pero sabía que tenía que darle una lección que no olvidara hasta que acabara el viaje. Después de los diez primeros azotes Alex empezó a llorar de verdad y tenía serias dificultades para mantenerse quieta.
- Si vuelves a moverte empezare el castigo de nuevo. Aprende a obedecer de una vez!
El siguiente azote dio de lleno en el borde de la mesa porque Alex se apartó en el último momento. Derek soltó el cinturón y cogió su cepillo de madera. Arrastró a Alex hasta su silla y se la colocó de nuevo en las rodillas.
- Está claro que esto va a ser un trabajo largo y duro, Alex.
Y acto seguido le propinó una tanda de azotes rápidos y duros en sus maltrechas nalgas. Llegó un punto en que no pudo resistir más la excitación y la llevó en brazos hasta su cama para poseerla violentamente. Ambos cayeron en una espiral de placer difícil de igualar.
-Mi joven Alex ¿qué voy a hacer contigo?- le susurró Derek justo antes de besarla.

