Más cerca...

Autor: Selene.
(Este relato, podría unirse a un a serie de relatos que escribí antes de probar realmente con el spank. Son esa serie de flashes que llegan a la mente de la spankee cuando lo que de verdad necesita es unos azotes y el momento no es propicio por cualquier motivo y queda ese desasosiego...)
Ojalá estuvieses ahora más cerca... me hubiese acercado hasta tu despacho, quizás te hubiera encontrado ocupado y habría tenido que esperar un poco hasta que estuvieras solo. Mientras, me hubiese dado tiempo a entrar al aseo, ajustar las medias con el liguero, retocar quizás un poco la línea oscura con que remarco mis ojos; comprobar que todo está bien, todo en su sitio, suficientemente llamativa como para resultar deseable... acumulando la impaciencia en la espera. Ya empiezo a sentir la excitación en forma de ese calor que sube desde mi sexo al resto de mi cuerpo.
Una vez dentro no tendría que explicarte por qué te buscaba, tan solo quedarme quieta frente a ti, esperando que te acercases a mirarme más de cerca. Rodeándome para ver si todo es de tu agrado. Casi me hace sentirme sumisa, esa sensación de saber que me observas. Pero no lo soy y tú lo sabes. Tan solo disfruto de tu mirada clavada en mis caderas, en la línea curva que dibujan mis nalgas bajo la falda que no se ajusta demasiado, pero deja entrever las formas. Sé que te excitas al mirarme. Que tus ojos van desde mi nuca, que puedes ver porque he recogido mis cabellos justo antes de entrar a verte, hasta los hombros... bajando luego por mi espalda hasta el lugar donde deseas poner tus manos.
Y lo haces. Las siento apretar primero mi cintura mientras pegas tu cuerpo al mío, pegando tus labios a mi cuello mientras escuchas como se escapa un gemido, un suspiro que delata lo que siento, como aumenta el deseo y como se tensa mi cuerpo entre tus manos. Sientes mi tensión y también tú te tensas, se que ahora sentimos los dos lo mismo, la misma excitación, el mismo deseo que nos va embargando, ahora todo está claro entre los dos y te apartas de mi, dejándome inmóvil en el centro de la habitación para asegurarte que nadie va a interrumpirnos abriendo la puerta.
Una vez seguro de esto, vuelves a tomarme, casi con brusquedad, pero no hay nada molesto en tus acciones. Me tomas de la mano y me indicas con un gesto que me apoye sobre la mesa. Que doble los brazos y eleve mis caderas, dejando dispuestas mis nalgas para que desde atrás puedas observarme. Cierro los ojos. Sabías que era lo que deseaba. Yo sabía que tú lo deseabas. Solo tengo que dejarte hacer, porque sé que sabes lo que quiero.
Mi respiración se ha empieza a agitar por la situación cuando siento el primer azote sobre mis nalgas. No sabes si ha sido un suspiro, o un gemido, o una queja... solo que has escuchado de mis labios la constatación de que lo que haces no me deja indiferente. Mientras sigues azotando mis nalgas, empiezas a tomar conciencia de que se está produciendo ese momento extraño en el que el goce y el dolor han empezado a caminar de la mano. Intuyes que estoy húmeda y como guiado por mi propio deseo que no me atrevo a decirte pero está presente en mi mente, subes mi falda sobre la cintura.
Sí, son las braguitas que te gustan y yo lo sé... por eso me las puse, para ti, para que las vieses, para que las cojas ahora entre tus dedos y tires del elástico para bajarlas. Antes, te recreas con unas nalgadas sobre ellas y luego por fin las bajas justo encima de mis rodillas. Cierro los ojos esperando, ahora es cuando la situación llega a su punto álgido. Cada vez que siento la palma de tu mano sobre mí haces que tense mi cuerpo y no pasa mucho tiempo antes de que empiece a quejarme levemente. Pero tu sigues, porque tu quieres... y porque sabes que yo también quiero...
De vez en cuando, exploras mi sexo con tus dedos y yo tomo conciencia del grado de excitación que he acumulado. Quisiera ver si tu también lo estás, pero permanezco quieta. Tu me indicarás cuando debo moverme. Ahora es el momento, pues me indicas que me vuelva al centro de la habitación. Mientras me desplazo, te miro de reojo, sé que estás excitado... sé que saberme a mí así hace que tu también sientas lo mismo. Es así como este placer que sentimos los dos nos vincula, uno siente más a través del otro.
Estoy en el centro del despacho, donde tu me has llevado, donde me indicas que deje las manos en mis rodillas. No sé que vas a hacer, pero lo intuyo. Alguna vez me has contado tus deseos y tu gusto por esas cane que seleccionas por su flexibilidad. Ahora si estoy realmente tensa, pero no hay brusquedad en tus actos, no es como en esas películas que sabes que tanto me disgustan, mides tu fuerza, la distancia, la intensidad, todo calculado para no dañarme. Y sé que no puedes más, que te excita verme así, te excita el gesto de dolor y placer en mi cara, el brillo de mi sexo húmedo... sé que no puedes más...
Lo sé porque me tomas, haces que el placer me desborde, que ambos nos dejemos llevar al límite, me dejas gritar lo que siento, aunque sabes que pueden oírnos desde fuera, eso ya no importa... y ahora, lo siento, tengo que dejar de escribirte, debo buscar un sitio discreto para diluir un poco la excitación que me embarga mediante mis propias caricias... ojalá estuvieses ahora más cerca.


cruzhada dijo
buenísimo relato, gracias por este regalo. Besos
20 Enero 2007 | 10:53 AM