La Coctelera

Fantasías recurrentes... La erótica de los azotes.

19 Febrero 2007

La tercera vez que suena el teléfono.

Autor: Cruzhada.

Es la tercera vez que suena el teléfono… y que no lo cojo. Por la hora que es, las 22.30 h., ya ha debido llegar a casa y verlo todo patas arriba. Es mejor que no le coja el teléfono, así le doy tiempo a… Ufff, acaba de llegarme un mensaje suyo: “Coge el teléfono, gatita. No lo empeores”. Sí, ha llegado a casa y ha visto TODO.

Suena el teléfono otra vez, la cuarta. Decido descolgar la llamada y capear el temporal como pueda. “Hola, cielo”. Al otro lado de la línea escucho su voz, dulce y cariñosa, respondiendo a mi saludo con un “Hola, gatita”. Aparente normalidad y calma que se truncan al instante, cuando escucho su cambio de tono: ahora es más serio aunque se mantiene al mismo volumen.

-Jovencita, creo que “impetuosa” no es la palabra adecuada para describirte.

- … - Cuando me llama “jovencita”… las cosas no están demasiado bien para mí. Por eso no respondo, me limito a adoptar la actitud de respeto que tendría si él estuviera aquí ahora mismo.

- Señorita, no servirá de nada que trates de disculparte. Te he llamado 3 veces y no me has cogido el teléfono, pero sin embargo no has dudado en cogerme el maletín sin consultarme, valiéndote de una simple nota para que yo me enterase al volver a casa. ¿Qué te has creído, jovencita? Las cosas no se hacen así, lo sabes muy bien. Me has sorprendido mucho y me siento verdaderamente decepcionado.

Nuevo silencio por mi parte. ¿Qué puedo decir? Tiene razón: he hecho algo horrible y he rehusado contestar al teléfono esperando que se aplacaran los ánimos. Es una auténtica cobardía, lo reconozco, pero no sé qué otra cosa puedo hacer. Me siento muy mal al escuchar su reprimenda, pero sé que aún puede ser peor, como no trato en comprobar, así que mi cabeza se va agachando más y más con cada frase suya.

- ¿No dices nada? ¿No intentas defenderte siquiera? ¿Esta vez no me vas a soltar tu retahíla de justificaciones? Nuevamente me sorprendes, lo admito. Pero al menos confírmame que estás escuchándome, me parece que me lo merezco, ¿no crees?

- Sí, señor, estoy aquí, no me he movido ni un milímetro.

- Bien. Celebro que estés ahí escuchándome, muchachita… y casi me alegro de que no estés aquí, al alcance de mis manos, al menos hoy, porque si te tengo delante… ¡no sé lo que te hago!

Su tono ha ido endureciéndose más y más. Mi mirada se pierde en el suelo que tengo ante mí. Afortunadamente ya todos se han ido, porque me sentiría extraña si pudieran verme: de pie, con cara triste, las manos a la espalda, mirando al suelo y sintiéndome un tanto aliviada porque sé que está tan enfadado que sólo me salvan los kilómetros que nos separan esta noche, mientras yo trabajo.

- Llego a casa y me encuentro… ¡SABES MUY BIEN LO QUE ME ENCUENTRO! He estado tentado de decirte que estoy tan disgustado contigo que prefiero calmarme y esperar a que hablemos mañana, pero no te va a ser tan fácil. Además de hacer lo que has hecho, que ya hablaremos de eso, no lo dudes, bien alto y bien clarito, te niegas a cogerme el teléfono en tres ocasiones nada menos. ¿Qué esperabas? ¿Acaso creías que si no me cogías el teléfono las cosas se quedarían como si nada hubiera sucedido? ¿Tan tonto me crees?

- No, señor. Simplemente quería dar tiempo para te calmases un poco.

- ¿¿¿Calmarme????? ¿Crees que si te niegas a dar la cara ante mí después de… hacer algo tan… me voy a calmar?

De nuevo me mantengo callada. Ya está bastante furioso, no quiero estropearlo aún más. Pero mi silencio no le contenta, precisamente.

- ¡Y sigues sin dar la cara! ¿Pretendes empeorar tu situación? Te advierto que no creo que sea posible empeorarla mucho más, señorita, así que yo de ti hablaría.

- No pretendo eso, señor. Lamento mucho…

- CLARO QUE LO LAMENTAS, PERO AÚN NO LO HAS EMPEZADO A SENTIR, CRÉEME.

Estoy tan cabreado que tal vez sería mejor hablar en otro momento. Voy a colgar el teléfono, a ponerme cómodo y te volveré a llamar en unos minutos, cuando me haya calmado un poco.

¡Te conviene cogerme el teléfono!

- Sí, señor.

Su tono ya no puede ser más duro, mientras que a mí apenas me sale un hilillo de voz. En momentos como éste no sé si es mejor que me muestre así (me sale de forma natural, ha sido una pasada muy gorda y me siento fatal por ello) o si está esperando que me muestre rebelde, caprichosa y le hable como si nada. Sólo me resta esperar a que me vuelva a llamar, espero que más tranquilo, aunque no me hago ilusiones al respecto.

De nuevo el teléfono. Lo descuelgo sin tardanza. Parece más calmado, al menos ahora el tono es más suave, menos duro.

- Bien, veo que vas entrando en razón poco a poco, señorita. Me alegro. Te ahorras muchos problemas. ¿Tienes algo que decirme, o persistirás en tu comportamiento de nena cobarde, tras cometer la tropelía, claro?

- No tengo mucho que decir, salvo que estoy muy arrepentida, señor.

- ¿Arrepentida, preciosa? ¿De qué? Si sólo has dejado todo patas arriba, los cajones abiertos, el salón hecho un desastre. Y has cogido sin permiso y sin siquiera consultar mi maletín. ¿¿De eso te arrepientes??

- Sí, señor. Mucho. Muchísimo.

- Estate tranquila, ahora estás trabajando y no es el momento de hablar de esto. Mañana cuando yo llegue del trabajo ya tendremos tiempo para charlar sobre ello.

- Sí, señor.

- Ahora me voy a acostar. Mañana te llamaré. Buenas noches, jovencita.

- Buenas noches, …cielo.

- Que pases buena noche. Y espera mi llamada. Creo que ambos tenemos mucho que pensar esta noche, ¿no te parece?

- Sí, señor.

………………………………………………………………………………………

Tenía ganas ya de terminar el turno, así he podido dormir un poco, pero en el bus he recibido un mensaje suyo: “Espero que cuando llegues arregles el caos que provocaste tú solita y que después de dejarlo todo en su lugar te vayas a dormir sin hacer el tonto”. De modo que he llegado y he cumplido con ambas órdenes, pues ya estoy en un buen lío y no quiero meterme en otro peor, si es que se puede, que lo dudo.

Sí, me he ido a dormir… hasta hace un rato, que me ha llamado. Una llamada breve pero directa: “He estado pensando mucho. Vístete como sabes, comprueba que todo quedó en su sitio y vete al rincón: las manos a la espalda, bien recta. Espérame allí, jovencita.” Y directamente ha colgado. No sé cuánto puede tardar en llegar, pero más me vale que lo encuentre todo en su sitio y a mí cumpliendo la orden o se enfadará. Acabo de comprobar que todo está ordenado, la cama hecha y yo con la minifalda, la camisa blanca, los zapatitos y las medias que le gustan. Sólo me falta peinarme y colocarme en el rincón.

………………………………………………………………………………………

- Jovencita, ven aquí. Vamos a tener cierta conversación que tenemos pendiente.

- Sí, señor.

- Vaya, veo que te has esmerado. Bien.

- Gracias, señor.

- Mantén la mirada en el suelo. Y muestra el respeto que debes.

- Sí, señor.

- ¡Silencio! Sabes que lo de ayer fue… no sé cómo describirlo, pero sé que me estás entendiendo.

- …

- En otras ocasiones has recibido zurras, bastante severas además, pero te garantizo que ninguna como la que te has ganado con esto que hiciste ayer.

-

Mi mirada cada vez busca un lugar más recóndito en el suelo para perderse; está hablando completamente tranquilo, pero muy serio, sabe muy bien lo que transmite y está muy seguro de lo que dice. Está decidido y no hay nada que yo pueda hacer.

- No espero que me digas nada en tu defensa porque no hay NADA QUE JUSTIFIQUE semejante comportamiento.

- …

- Tu castigo será ejemplar, pero de verdad. Estarás un mes sin privilegios de cualquier tipo: ningún entretenimiento (DVD, ordenador, libros, música), nada de dulces ni postres, sólo podrás ir a los cursos que ya tienes previstos, nada de visitas. Al finalizar ese período de castigo, me entregarás 30 folios por ambas caras de copias: “la falta cometida es… y el castigo recibido por ello es…”. Y tu propia opinión al respecto, ya sabes, si es justo, o excesivo, o si es un castigo que se queda corto. En un folio aparte.

- …

- En ese mes te encargarás de mantener el salón y el dormitorio como la patena a diario. ¡Y pobre de ti si no cumples con ello!

- …

- Mientras dure tu castigo, en casa irás siempre sin braguitas ni tanga de ningún tipo, con una minifalda; salvo para dormir, que usarás un pijama. Y cuando estés despierta y yo esté en casa, permanecerás en el rincón en pie y con las manos a la espalda hasta que yo te autorice a moverte de allí.

- …

- ¿Me estás entendiendo, jovencita?

- Sí, señor.

- Tranquila, todo esto quedará registrado en un documento firmado por ambos y en otro que quedará en el ordenador.

- …

- Y en cuanto a tu otro castigo… no será esta semana, porque tienes el sábado un seminario y quedamos en que tu culito iría en perfectas condiciones. Pero la semana siguiente, te garantizo que te voy a dar la mayor zurra que te han dado nunca, que es la que te mereces, y no te vas a poder sentar en días, señorita, aunque para eso tenga que estar 6 horas seguidas calentándote las nalgas desnudas. Y más vale que ni se te ocurra protestar ni quejarte demasiado, jovencita, porque entonces la azotaina se repetirá durante tres días seguidos y te aseguro que tu culito quedará dolorido y colorado durante una semana entera. ¿Ha quedado claro?

- Sí, señor. Muy claro.

- Eso con respecto a lo que hiciste ayer. Y anotaremos una falta de nivel IV por no cogerme el teléfono en 3 ocasiones para tratar de librarte del castigo, aunque deberían ser 3 faltas de ésas, lo que supondría una IV especial. Pero creo que es mejor dejarlo así, que ya tendrás suficiente escarmiento.

- Gracias, señor.

- ¿Algo que decir?

- No, señor. Bueno, sí. Gracias por ser tan comprensivo, señor. Lamento mucho lo que hice. Prometo que jamás se repetirá.

- Lo sé, jovencita, lo sé. Me voy a encargar de ello. Y ahora ven aquí, cariño.

Me da un beso largo y dulce, muy intenso. Me mira a los ojos y yo sé por lo que leo en ellos que su amor por mí está intacto y tiene ganas de que nos vayamos a la habitación y nos olvidemos de travesuras y disciplina durante un rato. Secundo la moción.

servido por relatosselene 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Gandalf

Gandalf dijo

Muy bueno Cruzhada, espectacular, la regañina, la amenaza del castidgo es una promesa de que lo mejor (y lo peor) esta por llegar. La espera aumenta el deseo y tu lo has relatado con maestría.

Gracias.

20 Febrero 2007 | 11:18 PM

cruzhada

cruzhada dijo

Me alegro de que te guste. Está basado en un hecho real (o casi... jejejeje)

21 Febrero 2007 | 10:24 AM

selene35

selene35 dijo

Estoy de acuerdo con Gandalf, un relato muy bueno, supongo que si está "basado en hechos reales" es más fácil hacer creíble el relato... lo cual no le quita, sino que le añade mérito.

21 Febrero 2007 | 04:22 PM

cruzhada

cruzhada dijo

Me alegro de que os guste. Me vais a poner colorada, jo! ;-) La verdad es que la ficción en este caso supera con mucho a la realidad porque hace bastante tiempo de eso y aún estábamos en "rodaje". Ahora, tal y como el niño se está poniendo (dicho con todo el respeto, por supuesto), no sé si no sería la realidad la que superara la ficción glub!

21 Febrero 2007 | 07:01 PM

josema

josema dijo

Hey, muy intenso el relato, pero que duro es contigo ¡Ay!, hasta me puse yo mismo triste como la protagonista...¡que severidad por dios !

saludetes

18 Marzo 2007 | 08:08 AM

Iván Martínez

Iván Martínez dijo

espectacular, la regañina, la amenaza del castigo es una promesa de que lo mejor (y lo peor) esta por llegar.
La espera aumenta el deseo y tu lo has relatado con maestría.
Matricula de Honor me ha gustado mucho si se pudiera valorar le daria un 10 al autor del relato.

1 Enero 2009 | 03:56 PM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de relatosselene

Fantasías recurrentes... La erótica de los azotes.

ver perfil »
contacto »
Pues si... soy un poco maniática para esto de los blogs y no me gusta que se mezclen mucho los temas, así que además de seguir con el "Confessions on a spank floor" voy a dejaros aquí mis pequeños relatos sobre azotes. También me encantaría recibir alguna colaboración de los lectores, a ver quien se anima. Selene.

Fotos

relatosselene todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera