Actias Selene.
A Amadeo…
y a las mariposas…
Él me llama Actias… Actias Selene. Cuando le explica a alguien lo que soy dice que me trajeron dentro de un pequeño capullo desde Asia pero que es aquí, en su casa donde salí a la luz. Antes, dice que era un gusano, pero yo no me acuerdo. De todas formas da igual, no sé como son los gusanos, solo convivo con más mariposas.
De entre nosotras no hay dos iguales y de vez en cuando él añade una nueva al pequeño mundo donde nos movemos. Las demás no lo saben y vuelan felices de un lado a otro, pero yo he descubierto que una superficie que no se ve pero está y separa este mundo del suyo. Puedo pegar la nariz al final de mi mundo y verle a él, observarle, ver lo que hace y como pasa las horas.
Se dedica a muchas más cosas, no solo a coleccionarnos, es un hombre interesante. Lee mucho, a veces pinta cosas y otras veces…
Otras veces recibe visitas y entonces nos enseña orgulloso, nos explica, dice nuestros nombres humanos y puede hablar de nosotras horas y horas sin cansarse cuando la visita es uno de pelo corto y voz recia, sin embargo, cuando la visita tiene el pelo largo y la voz dulce y delicada… entonces habla menos tiempo, lo justo para enseñar a las nuevas. Bueno, a mí, aunque no soy de las nuevas siempre me enseña, dice que soy la más rara, la exótica, la más complicada de conseguir y está orgulloso de tenerme.
Dice que cuando yo no esté traerá otra igual para reemplazarme pero como no sé cuando será eso, mientras, me dedico a observarle largas horas pegada al final de mi mundo, sin poder pasar al suyo y a imaginarme que tengo un cuerpo pegado a estas alas. Un cuerpo igual al de las del pelo largo y voz fina y que hace conmigo lo mismo que con ellas.
La primera vez que vi una “pelo largo” era una mujer muy bella, de pelo rojo como las alas de algunas de mis compañeras. Nada más verla entrar supe que no era como las otras, porque él la miraba con una sonrisa diferente, como me mira a mí cuando me toma unos segundos entre sus dedos. Varias veces la llamó Lucía y aquella tarde vi por primera vez algo que si bien se repite periódicamente en su lado del mundo a mí sigue maravillándome e impactándome como la primera vez.
Al principio la trataba con mucha suavidad, tomando de sus manos el abrigo que la cubría, acompañándola por su lado del mundo mientras ponía una mano en su cintura y luego, tras hablar con ella subiendo el tono de voz un poco, haciéndolo más duro y firme hizo algo que cada vez que lo recuerdo vuelven a subirme unas extrañas cosquillas como hombrecitos andándome dentro del estómago y un calor que se extendió a todo mi cuerpo y me mantuvo todo el tiempo inmóvil en esta superficie que separa nuestros mundos.
La miraba dulce, pero también con dureza y de pronto, mientras le hablaba, la tomó de un brazo, se sentó en el sillón donde lee y la puso a ella sobre sus rodillas, boca abajo… y empezó a darle pequeños golpecitos en las nalgas. Ella no parecía asustada como hubiera resultado previsible, estaba… su cara… su mirada, parecía excitarle lo que estaba pasando. Y él seguía así, cada vez un poco más rítmico, más fuerte y en mi estómago los hombrecitos se revolvían inquietos.
Después, la ayudó a ponerse de pie y ella estaba sonrojada… casi tanto como su pelo. La miró unos segundos, subió su falda y volvió a ponérsela en las rodillas para seguir dándole un poco más fuerte. Luego… los hombrecillos de mi estómago ya corrían alborotados de un lado a otro mientras le vi bajarle lentamente aquellas braguitas mientras ella, entornaba los ojos y su boca se entreabría en un gemido.
Nunca sentí nada igual al verles allí haciendo aquello que yo entonces no entendía.
Cuando bajó las braguitas vi que las nalgas eran ya tan rojas como su cara y que ella se agitaba bajo sus manos pero no gritaba, gemía… suspiraba, cerraba los ojos, los puños… movía su cuerpo sin intentar esquivar ninguno de aquellos azotes. Así… la tuvo largo tiempo disfrutando de lo que él veía… y yo… disfrutaba mirándoles gozar a los de esa forma tan extraña que nunca antes había visto pero que me hacía sentir cosas desde mi lado del mundo.
No utilizó solo sus manos. Lo que estaba ocurriendo evolucionó durante mucho rato y él la iba guiando a través de un extraño mundo donde solo se les veía gozar, cambiar de posición, de instrumento… él la azotó con varias cosas. Primero con una fusta… ahora conozco todos los nombres porque él los pronuncia antes de utilizarlos, luego con una regla de las que utiliza para hacer a veces sus dibujos, incluso le he visto muchas veces, dejar a la chica apoyada sobre una silla y desprenderse del cinturón… doblarlo despacio y azotarla con él.
Y luego, siempre… las acaricia despacio, recorre su espalda poco a poco con los dedos, llega con las manos extendidas hasta las rojas nalgas y se desnuda mostrándose excitado antes de poseerlas en un glorioso final que les deja exhaustos tumbados sobre el sofá o la alfombra.
Gozan, sienten, se entregan y disfrutan cada instante, mientras yo… miro desde aquí y sueño ser como ellas. Que me desnuda, que me pone en sus rodillas y que me hace a mí todo lo que veo que les hace a ellas.
No siempre es la misma chica, a veces, alguna viene más veces, pero creo que para él son como nosotras, las mariposas… las coleccionan, las mima, las cuida… y disfruta con ellas. Al principio me costaba entender como puede darles tanto cariño y luego azotarlas con esa firmeza. Luego fui entendiendo que para ambos es una forma de goce a la que se entregan como parte de algo que solamente ellos -y ahora también yo- entienden.
Cada vez que ocurre, siento lo mismo, mi ánimo se alborota con lo que observo, muevo nerviosa las alas y me pego a mi lado del mundo para no perderme nada. Disfruto cada movimiento de él que ya presiento pues le conozco a base de observarle, los gemidos de ellas, las órdenes que él les da y ellas cumplen con la mirada baja.
Así… envidio a las de pelo largo cuando están entre sus manos, cuando se desnudan para él y las azota sobre sus rodillas… quiero ser una de ellas y que me tome así, que me azote, que me haga sentir lo que sienten ellas y yo solo intuyo… y que luego me acaricie y me haga sentirme única entre miles… como aquí en el mariposario, donde cada una de nosotras es distinta.
Después, cuando les veo rendidos uno junto al otro vuelo como enloquecida hasta los otros límites y vuelvo una y otra vez al mismo punto desde el que les he estado observando… nerviosa, excitada… sueño que soy yo quien acaba de sentir todo ese cúmulo de sensaciones en su cuerpo.
Pero yo… soy una mariposa y él, tan solo
- Selene… Actias Selene, pensaría que eres spankee si no estuviera seguro de que tan solo eres una mariposa.





Gandalf dijo
Diferente, original, asombroso... tienes una sensibilidad especial Selene, es muy dificil conseguir lo que tu has conseguido que es que los relatos no suenen siempre a más de lo mismo.
El conceder a una mariposa atributos humanos, el dotarle de esa sensibilidad, la descripción tan literaria y al vez tan exacta de las sensaciones... el sonrojo, los hombrecillos corriendo por el estómago... el deseo, aun sabiendo que es imposible de sentir sensaciones que nos llenan..
Describes siempre con maestría sensaciones que muchos compartimos y haces que sea emocionante verlas escritas con la sinceridad con que tu lo haces.
Gracias por esta joya.
24 Marzo 2007 | 11:43 AM