Un sabado especial.
Autor: Xana.
Habiamos planeado un sábado especial. Había sido una semana dura, donde habíamos estado poco tiempo juntos y decidimos pasar toda la tarde del sábado de paseo, solos y lejos de todo. Mauricio tenía que trabajar hasta el mediodía y el acuerdo había sido que yo me ocupara de la casa hasta que llegara y estuviera todo listo para partir inmediatamente. El viaje a la cabaña del Tigre nos iba a llevar como dos horas.
El se levanto a las siete y me dejo dormir hasta las siete y cuarenta, hora en que se fue, avisándome antes que no me fuera a quedar dormida y que estuviera lista a la hora pactada.
Yo como siempre, prometí que así seria y lo despedí con el firme propósito de cumplir, pero en el fondo, yo sabia que corría un riesgo grande de quedarme dormida, dado que como siempre la noche anterior no había cumplido con el horario pactado para irme a dormir y había excedido en mucho los limites fijados.
De golpe me despertó un fuerte golpe y no entendí ni de donde venia, ni que pasaba, ya que a mi me pareció que solo había pasado un rato muy cortito. De golpe escuche mi nombre muy fuerte y conecte con la voz de Mauricio, entre sueños no atinaba a descifrar si todavía estaba dormida o seguía soñando.
Los golpes empezaron a caer sin mas demora, uno tras otro, sobre mis nalgas, sin explicación alguna, claro que a esas alturas ya no hacia falta...Ya era el mediodía y Mauricio había vuelto, esperando encontrarme lista y con todo echo y solo se encontró con su tierna mujercita muy cómodamente desparramada boca abajo en la gran cama, profundamente dormida y con la casa en las mismas condiciones en que la había dejado cuatro horas antes.
Al entrar al cuarto y ver el espectáculo que le ofrecía mi tranquilo sueño se enfureció por mi falta de palabra y de responsabilidad y solo atino a gritar mi nombre y a darme los primeros azotes de lo que seria una paliza memorable.
Mientras descargaba los primeros chirlos, espero a que estuviera bien despierta y empezó a preguntarme si había alguna otra explicación más valedera que la de mi trasnochada. Yo sabia que cualquier excusa que pusiera iba a empeorar la situación, ya de por si complicada, pero sabía que si no contestaba nada se enfurecería cada vez más, por lo que decidí pedir perdón rápidamente haciéndome cargo de todas mis culpas.
Mauricio escucho el temor y el arrepentimiento en mi voz, pero estaba decidido a que esto no volvería a suceder, por lo cual este iba a ser un verdadero escarmiento, ya que no era la primera vez que yo me mostraba indiferente ante sus pedidos y órdenes, por lo cual comenzó a explicarme claramente que lo que seguiría, aunque le doliera mas a el que a mi, debía pasar para que nunca mas me olvidara de cumplir con mis obligaciones y los acuerdos establecidos.
Me ordenó, pues el enojo en su voz era eso, una orden, que me quitara los pantaloncitos del pijama, me sacara la bombacha y acomodara debajo de mis caderas las almohadas que estaban en la cama, ahí realmente comprendí que seria muyyyyyyyyyyyy serio, ya que no era el modo habitual de sus leves castigos cotidianos, esa posición indicaba claramente que ya no usaría su hermosa mano sino que el instrumento seria el que yo mas temo, lo cual me aterró.
Y como confirmando mis peores sospechas escuche el sonido tan temido, el sibilar del roce del cuero en las presillas del pantalón y de golpe el cinturón ya estaba fuera y acomodándose en la manos de Mauricio.
Los primeros azotes picaron sobre la piel ya rosada por los chirlos, pero los que siguieron, guauuuuuuuuuuuuuu dolieron cada vez mas, parecía que la intensidad era cada vez peor. En el numero doce ya le suplicaba que me perdonará, que ya había aprendido, que ya era suficiente, pero el no escuchaba nada, y continuo golpe tras golpe, durante un largo rato que a mi me pareció una eternidad.
Cuando ya mis nalgas estaban bien rojas y marcadas por cintazos que atravesaban toda la piel de mi cola y mis piernas, y yo ya lloraba desconsoladamente, Mauricio descansó, pero me indico, quedarme en esa posición sin moverme del lugar, ni siquiera me permitió sobarme la cola para aliviarme el terrible ardor que sentía, bua bua bua, eso significaba que no había terminadoooooooooooo....
Se fue del cuarto y me dejo sola durante casi quince minutos, sin siquiera dirigirme la palabra, lo que me dolió mas que todas las nalgadas recibidas y las que vendrían, no me gusta desilusionarlo y que este tan enojado, pero no poda hacer nada mas que aguantar lo que impusiera incluso su silencio.
Cuando volvió al cuarto, se tomo el trabajo de volver a explicarme que lo sucedido había sido muyyyyyyyyyy grave para él y que ya no creía en mis promesas porque antes ya las había echo y no las había cumplido, mientras me hablaba me acaricio suavemente midiendo el estado de mis nalgas y de un tirón y bruscamente me acomodo sobre sus rodilla, advirtiéndome que no me resistiera o me quejara porque seria peor.
Al tenerme sobre sus rodillas con el primer azote me di cuenta que el instrumento usado era mi ojota de goma, esa que Mauricio sabe que odio, si el estaba usando eso era porque su enojo no se había aliviado todavía, y si ese enojo no se disipaba del corazón de Mauricio nada habría valido la pena.
Esta etapa del castigo duro aproximadamente quince eternos minutos y no terminó hasta que no me escucho pasar de un gemido continuo a un llanto desconsolado, que era fruto tanto del dolor de los chancletazos y de la tristeza por haber llegado a esa situación y haber llevado tan lejos el enojo de Mauricio.
Recién al escuchar mi llanto entendió que mi arrepentimiento era sincero y que por lo menos por un tiempo, había aprendido la lección. Entonces me acomodo sobre sus rodillas y acariciándome tiernamente volvió a explicarme que aquello le daba mucha pena mas pena a él que el dolor que yo sentía ahora.
Sintiéndome tan amada me abrace de su cuello y le pedí perdón por ser tan cabeza dura y llorando le explique que mas que mi cola me dolía haberlo echo enojar tanto y haber arruinado nuestro día de paseo juntos.
Por supuesto que ahí no terminó todo, después de un rato de mimos y consuelo Mauricio me dio una hora para que la casa estuviera como habíamos acordado y se fue dejándome sola para que ese tiempo me sirviera para reflexionar, eso fue lo peor de todo ya que mi cola ardida solo me sirvió para sentir mas mi soledad, pues esta azotaina había sido distinta de todas las otras que terminaban en un encuentro sin medida de nuestros cuerpos y hoy me había quedado sin él. Ese fue mi verdadero castigo.





relatosselene dijo
Segundo relato de nuestra original autora: Xana. Con la intensidad del momento y el final... un poco diferénte. Espero que os guste. A mí me encanta.
16 Abril 2007 | 10:18 PM