Era la hora de cerrar el parque y volví a mirar hacia ella viendo que permanecía sentada en el mismo banco donde había estado toda la tarde. Había pasado ante ella varias veces y cada vez que lo hacía tomaba conciencia de que tenía la mirada perdida en el horizonte y sin embargo, ante mi presencia bajaba levemente la mirada hasta las hojas que se amontonaban en el suelo tras la rutinaria caída otoñal.
Quise dejar de mirarla en muchas ocasiones, pero mis ojos volvían una y otra vez hasta su cuerpo. Llevaba un abrigo blanco, largo y de aspecto cálido y bajo el mismo, al pasar a su lado hubiese jurado que no llevaba más que las medias y los zapatos de tacón alto.
Los compañeros comenzaron a apagar las luces listos para marcharse pero aquella enigmática mujer no parecía dispuesta a abandonar ese lugar a pesar de que el vaho de su respiración eran una muestra clara de que estaba helada de frío.
Comencé a avanzar hacia ella con la firme decisión de amonestarla levemente por haberme hecho ir hasta allí para pedirle amablemente que abandonase el parque porque había que cerrar. Desde que era guarda allí había tenido que pedirle lo mismo a muchas personas que se resistían, sobre todo en periodo estival a abandonar aquel idílico lugar pero aquel día todo era distinto.
Por un lado quería ir hasta ella y tener la oportunidad de hablarle y por otro me encontraba profundamente irritado por la actitud de esa mujer a la que no había podido quitar ojo desde que se sentó allí sola, con las piernas entreabiertas, sin cerrarlas ni cruzarlas en ningún momento. Las manos en los bolsillos y la cabeza embutiéndose bajo el cuello subido del elegante abrigo.
Al llegar, la miré tratando de parecer molesto por su actitud y la invité a abandonar el parque y sin embargo, una vez levantada y sin haberme mirado una sola vez, en vez de caminar hacia la salida comenzó a adentrarse más en el parque.
Mi irritación creció realmente en ese momento, sobre todo al ver que todos mis compañeros se habían marchado y ahora tendría que ser yo quien cerrara la llave de la entrada principal, terminara de apagar luces y me responsabilizara de que todo había quedado en orden.
La seguí llamándola a voz en grito hasta que conseguí que se volviera hacia mí y en ese momento le repetí que tenía que salir de allí de inmediato y tras escucharme, su respuesta me dejó más helado que la escarcha que comenzaba a posarse sobre el parque.
- Y si no ¿qué? ¿Me vas a azotar?
Aquello, que podía haber parecido una frase casi “inocente” y sin importancia, se me clavó dentro a gran profundidad cuando tomé conciencia de la reacción que había provocado en mí. Desde que descubrí que me excitaba azotar a una mujer poniéndola sobre mis nalgas había huido durante toda mi vida de esos pensamientos considerándolos enfermizos y a mí mismo un loco sin remedio. Decidí apartarlos a un lado para que no se adueñaran de mi mente y de mi sexo como solían hacerlo, sobre todo tras el desagradable episodio que tuve con quien fue mi novia tras darle unos azotes eróticos en la cama y ser acusado por ella de malos tratos con la completa incomprensión de su parte por lo que yo consideré solo un juego erótico en el que jamás pretendí dañarla.
Y ahora… aquella mujer me miraba desafiante y mientras yo la escrutaba con los ojos tuve la seguridad de que efectivamente, bajo el abrigo estaba desnuda y en su cuello, sólo un collar negro y elegante delataba que quizás, aquella frase sobre si iba a azotarla no era tan accidental ni inocente como pretendía parecer.
Tras el estupor inicial, bajé el tono y volví a pedirle, casi a rogarle que se marchase o tendría que cerrar con ella dentro y volviendo a retarme ella me repitió cada vez más segura:
- Si no lo hago ¿me pondrías sobre tus rodillas para azotarme como a una cría?
Para mí, todo aquello parecía demasiado irreal. Mi garganta estaba seca y mi mente nublada. Todo aquello no podía estar pasándome a mí…
(Continuará –cuando me cuenten a mí el final de la historia-)
Selene y CMD.

Matricula de Honor la azotaste a tú gusto sin hacerle caso así me gusta y también cuando suplico lo mismo excelente así se hace.
Iván