Autor: Selene.
La galería cerrada a las nueve como cada noche y también como cada día cinco minutos antes de cerrar, aquella mujer misteriosa que siempre aparecía con un cigarrillo humeante en la mano se colaba literalmente en el amplio recibidor mientras mantenía la mirada baja, como temerosa de que no le permitieran el paso y no elevaba la vista hasta haberle dejado atrás, nuevamente contrariado por tener que volver a cerrar más tarde de lo previsto. Pero el negocio es así… no parecía probable, pero quizás aquella mujer era una importante mecenas, una comparadora compulsiva, una coleccionista caprichosa y algún día le sorprendía comprando una gran cantidad de cuadros. O al menos, ese pensamiento le servía para entretener los quince o veinte minutos que ella pasaba extasiada ante los cuadros que colgaban de las paredes antes de marcharse pasando ante él con la mirada baja y volviendo a encender un cigarrillo en cuanto sus pies traspasaban la línea de salida.
Tanto al entrar como al salir le saludaba con un imperceptible murmullo, casi un movimiento de sus labios de los que salía una frase ininteligible pero nunca levantaba la vista para hacerlo, si acaso, su mirada se detenía levemente en alguna parte de su anatomía que él no llegaba a descifrar cual podía ser pero que no le parecía que fuera a ser nada demasiado libidinoso, nada en lo que mereciera la pena pensar y por supuesto, nada para fantasear en sus solitarias noches de hombre divorciado que huía de las mujeres como de la pólvora…
No… nada que mereciera la pena. Y sin embargo, se acostumbró a aquella visita nocturna y si alguna vez fallaba, si no la veía entrar cuando estaba a punto de cerrar, se marchaba a casa malhumorado, como si le faltase algo, como si alguien le hubiera insultado o le hubiera… “Bah!! Nada que mereciera la pena… “Se decía a sí mismo cuando se descubría en ese estado de ansiedad que le producía el no verla entrar una noche. “Ni siquiera es guapa, ¡!bah!! “y pasadas las nueve se resistía a cerrar esta vez según su horario establecido y empezaba a concederle (o concederse) veinte minutos más en fracciones de cinco minutos que ocupaba recolocando cosas que no estaban mal colocadas pero que parecían justificar su tardanza en abandonar la galería. Tras esos quince o veinte minutos en los que por supuesto, no había estado esperándola, cerraba las puertas con la desesperanza pintada como absurda mueca en su rostro.
- A ver si deja de venir de una vez a deshoras. Quien se habrá creído esa flacucha para pensar que yo estoy aquí para esperarla a ella cada día… ¡¡Bah!!.
Y escupía groseramente en el suelo, lo cual no era algo muy propio de él, pero lo hacía para subrayarse a sí mismo su determinación a no volver a esperarla si no llegaba antes del horario oficial de cierre.
Damián era un hombre grande, de anchos hombros y rasgos duros. Licenciado en Bellas Artes en una universidad italiana, invirtió una pequeña herencia en lo único que sabía hacer bien y que podía hacer sin que fuese un trabajo agotador y abrió las puertas de “
Durante toda la semana “la mujer que siempre llega jodiendo justo antes de cerrar”, según había decidido llamarla, no se presentó una sola noche en el local. Claro que a aquellas alturas posiblemente conocía de memoria todos y cada uno de los cuadros expuestos, pero ese no era motivo para no ir… podía haber cambiado la muestra, es más, estaba a punto de hacerlo y la ansiedad y el mal carácter de Damián fueron en aumento durante los días en que ella no volvió por allí mientras se resistía a cerrar a las nueve en punto y desplazaba el momento del cierre en fracciones de cinco en cinco minutos llegando a llegar incluso hasta las nueve y media en los días en que más la echaba de menos.
Un mes después Damián empezaba a aceptar que “la mujer que llegaba tarde, no era tan guapa, pero me encantaba verla entrar después de apagar el cigarrillo en la puerta”, no volvería por allí. Empezaba a aceptar que la echaba de menos y que ciertamente, le atraía de verdad ¡¡qué carajo!!... y empezó a cerrar a las nueve y veinte y luego a las nueve y diez y luego a las nueve en punto, como había hecho toda la vida desde que abrió las puertas por primera vez.
El día de la inauguración de la exposición de Ionas Dark estaba demasiado nervioso por cómo iba saliendo todo. Recibía a los visitantes y se los presentaba al artista si veía posibilidad de venta para aumentar las posibilidades de que se llevasen los cuadros y entre la vorágine de gente que iba y venía alabando las preciosas curvas de los desnudos, los contraste y los colores de cada cuadro no se fijó en que ella había entrado en la sala y se había mezclado entre el resto de público.
Era sábado y cerraría a las dos así que cuando Ionas le dijo que le esperaría junto al nutrido grupo que le acompañaba en el restaurante donde iban a tomar unos vinos para celebrar el éxito del primer día, empezó a despedirse de la gente con correctas palmaditas en la espalda y apretones de manos que indicaban claramente que estaba a punto de cerrar. Sólo quedaban dos personas en la última sala, un señor que con paso decidido se encaminó por sí sólo a la salida y una muchacha bajo un gorro de lana que le tapaba casi toda la cabeza y se confundía con un abrigo de lana multicolor que ocultaba su cuerpo hasta los tobillos.
Decidió esperar unos minutos más antes de persuadirla para que abandonara la sala cuando fijándose mejor en ella tomó conciencia de que era “la mujer que… bueno, esa mujer que tanto tiempo me ha hecho perder esperándola” y ahora estaba otra vez sola allí y él podía “vengarse” de ella. Caminó con prisas hasta la puerta y comenzó a cerrar desde dentro la persiana con el mecanismo electrónico.
Alarmada, la mujer corrió a la salida pensando que la habían dejado sola dentro y al verle allí parado le miró por primera vez a los ojos con una mirada profunda y maravillosa que le hicieron sentir escalofríos por dentro. Definitivamente, no era guapa, pero tenía algo… Y de pronto, para salir del estupor en que se encontraba sólo se le ocurrió empezar a decir todo lo que hubiera querido decirle en ese mes sin verla con evidente actitud de enojo.
- ¿Se puede saber dónde has estado ese tiempo?
Al escucharse a sí mismo tomó conciencia de lo absurdo de la situación y sencillamente, se ruborizó como un crío, con el coraje que le daban esas situaciones… Ella le miraba también sonrojada y volvió a dejar la mirada en algún lugar donde él no sabía qué diantre estaba mirando y subió poco a poco los ojos hasta los suyos para soltarle a bocajarro algo que le dejó mucho más desconcertado de lo que ya estaba.
- Me gustan mucho tus manos… son… enormes… como las que esculpía Rodin, como las manos que pintan algunos artistas que no parecen ser manos humanas. Me excita mucho ver tus manos…
¡¡La hostia!! Eso sí que no se lo esperaba… ¡joder! De entre todas las cosas raras que podía escuchar aquel día aquello era lo más raro que podía esperar… ¡¡joder!! … y de no ser porque el teléfono le sacó del estado en que se encontraba, posiblemente se habría quedado allí como esculpido del mismo mármol que cubría el suelo…
- Sí… ya… vale… que sí, que ya voy… bueno, creo que sí… esperarme ahí que no creo que tarde…. Sí, una clienta en el último momento Ionas. No… no hace falta que vengas a hablar con ella, creo que tengo hecha la venta… vale… espérame ahí y ve pidiendo que enfríen una buena botella de champagne francés, creo que tendremos cosas que celebrar…
Luego, se volvió hacia ella incrédulo…
- A ver, muchacha… ¿Has dicho mis manos?
- Sí… me gustan mucho tus manos.
- No puede ser, dime que es una broma, me cuentas dónde está la cámara oculta y nos reímos los dos… -y diciendo esto, hizo una mueca exagerada, como de una sonrisa enorme que tapaba la contrariedad que sentía por dentro.
- No es una broma, he venido aquí durante días y días, tarde… fumando, para ver los cuadros y fijarme al pasar en tus manos… para luego irme sola sin haber sido capaz de reunir el valor suficiente para seducirte porque soy consciente de lo absurdo que es fijarte en un hombre porque te gustan sus enormes manos… y luego, a solas, soñar que me tratabas como una niña caprichosa y me… bueno, pues que me… ponías en tus rodillas y me dabas unos azotes.
- Pues no será que no los mereces –y tras pronunciar la última frase dudó de haber dicho aquello… pero estaba dicho… ¡¡lo había dicho!!
- Ya… pues… eso…
La situación era demasiado surrealista (je, je… “surrealista” –pensó) pero había empezado a sentir calor en todo su cuerpo, empezaba a ver el alcance de la conversación que acababan de tener, si es que a aquella concatenación de frases tontas se pudiera llamar conversación, claro… y se miró las manos. Grandes, enormes, nervudas y fuertes. Mucho más grandes que las nalgas de aquella flaca que miraba alternativamente sus manos y sus ojos y por fin, como si un extraño resorte hubiera actuado en él, o más bien, por él… porque no se reconocía a sí mismo en sus actos ni en sus palabras, se dirigió a ella con gesto amenazante, con una extraña sensación creciéndole por dentro y con decisión la atrajo fuertemente, se sentó en un bando en mitad de la sala, le dio la vuelta sin demasiado esfuerzo y comenzó a azotarla sin demasiada fuerza sobre el abrigo esperando que ella se revolviera y le insultara, porque aquello, no podía ser cierto…
Sin embargo, a cada azote ella gemía y escucharla gemir le excitaba, le hacía sentir su sexo endureciéndose bajo el pantalón y sin saber por qué subió el abrigo y siguió azotándola y luego subió la falta, pero no sabía qué le impulsaba a hacer aquello… y bajo la falda, unas braguitas blancas de adolescente cubrían unas bien redondeadas nalgas, mucho más atractivas bajo la ropa de lo que parecía intuirse desde fuera… y siguió azotando … y azotando y le picaba la mano pero su sexo duro como una piedra, pujando por salirse de su prisión le impulsaba a seguir más y más tras cada uno de los gemidos de ella y al final, tenía que hacerlo, no sabía por qué pero tenía que hacerlo…
Tras bajar las bragas hasta las rodillas el espectáculo de las nalgas enrojecidas le hizo sentirse poderoso, el calor que emanaban le excitaba y la ¿humedad? Porque sí… aquella mujer estaba evidentemente húmeda, excitada, entregada a él y a su voluntad de hombre dominante que la azotaba una y otra vez hasta que dejó su enorme mano reposar sobre las nalgas rojas y ardientes y tomó conciencia de su tamaño y se armó de valor e hizo lo que le estaba pidiendo su cuerpo que hiciera… introdujo sus dedos entre su húmedo sexo y la sintió estallar de placer entre gemidos y gritos de placer extremo, como nunca una mujer se había deshecho entre sus manos… haciéndole sentirse … ufff! Si una vez hubo un paraíso, debió ser como aquello…
Ionas le esperaba con el ceño fruncido y la boca torcida, había dicho que tardaría poco y ya llevaban allí una hora esperándole cuando Damián apareció sonriente, como si acabara de hacer la venta de su vida y sin embargo aseguraba, perdido entre una especie de nube que le hacía parecer distinto al Damián que conocía de siempre, que no había conseguido venderle nada a la clienta que le había entretenido tanto.
La mujeres abandonaron el grupo primero y al final, como siempre, quedaron los hombres hablando de política, futbol y en las últimas copas, de sexo… y cuando Ionas explicaba que algunos de sus cuadros eran fantasías sexuales desde un punto de vista surrealista le preguntaron si alguna vez había tenido una fantasía sexual difícil de explicar, algo muy surrealista, por supuesto… y Damián sonrió, recordó a la mujer desnuda, jadeando aún, postrada entre sus piernas buscando su sexo enhiesto con su boca para hacerle subir al séptimo cielo y les dijo:
- ¿Yo? Bueno… si lo contara no lo entenderíais… es “demasiado surrealista”… así que digamos que mi fantasía es que una mujer salga de tus cuadros y me la chupe…
- Ya… normal, Damián, seguramente lo más excitante que has hecho en tu vida, es montar en bicicleta.
Y sólo las risas de un grupo de hombres que tomaban copas desde el medio día hicieron a los camareros volver a mirar con disgusto hacia el rincón que ocupaban, de no estar ellos allí, ya hacía horas deberían haber cerrado…

Hmmmmm...
Delicioso... Este es el tipo de relato que yo adoraba leer cuando, siendo aún un adolescente, empezaba a descubrir el gusto por eso que años más tarde supe que tenía aficionados por todo el mundo, que incluso tenía sus reglas más o menos fijas y que hasta tenía nombre, "spanking".
Enhorabuena, Selene! Siempre he sido un fan de tu literatura, ya lo sabes.
Besos
sumisa ALquimia{ }
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