La Coctelera

Fantasías recurrentes... La erótica de los azotes.

29 Abril 2008

Días contados

Autora: Selene.

Entró en el despacho empujando la puerta de forma violenta encaminándose hacia el centro de la habitación con el paso firme que la caracterizaba y arrojando los papeles sobre la mesa de Eva mientras interrogaba de forma inquisitiva a ambos empleados:

- ¿Quién es el inepto o inepta que ha hecho este informe?

Daniel bajó la cabeza mientras su compañera alternaba miradas furtivas entre los papeles, Hanna y él mismo sin atreverse a decir nada. Ninguno de ellos lo hizo por miedo a las represalias y solamente atinaron a mover los ojos por la habitación mientras la Directora empezaba a mostrar signos de impaciencia en la voz y las duras miradas que dedicaba a ambos.

- Bien, no pasa nada… podéis fingir no haberme escuchado y seguir mirando a los lados como si nadie supiera de qué hablo pero cuando salga de este despacho me sentaré en el mío hasta que terminemos la jornada y justo antes de salir de aquí reduciré los sueldos de ambos en el mismo tanto por ciento de errores que contiene este informe… a no ser…

A no ser que el autor de esta sarta de sandeces entre previamente en mi despacho y discutamos el asunto “civilizadamente”…

Tras avisarles de forma tan directa sobre la suerte que correrían sus nóminas sin no se averiguaba quien había hecho el trabajo Hanna salió con la misma energía que había entrado dando un portazo tras de sí y dejando una gran tensión en el ambiente.

Hanna era una mujer impresionante que no podía pasar desapercibida ni se podía dudar de su origen irlandes. Alta, pelirroja y de secos modales, vestía siempre con la sencilla elegancia de las mujeres que han sido educadas en una sociedad poco dada al dispendio y los lujos excesivos bajo una disciplina completamente inglesa. De padre militar y una extraña historia con tintes de leyenda más que de realidad dirigía la empresa con mano firme desde hacía más de diez años y jamás había perdonado un error a sus subordinados.

Tan sólo Daniel y Eva habían aguantado el duro ritmo de trabajo junto a ella más allá de los seis meses de prueba y llevaban ya casi dieciocho meses intentando no ser despedidos, penalizados en el sueldo o puestos en evidencia frente al resto de empleados de la compañía. Cuando aprendían a entender sus razones más profundas Hanna podía incluso caer bien…

La mañana, a pesar de ser casi idílica por lo tranquila fue una de las más insoportables para ellos y gran parte de la misma la pasaron dándole vueltas al informe, reconociendo los errores que Hanna había detectado y viendo la mejor manera de enfrentarse al duro instante de hablar con ella, pedir disculpas y afrontar las consecuencias que podían ir desde el anunciado recorte de sueldo hasta u aumento en las horas de trabajo semanales o cualquier otra cosa más o menos terrible dependiendo en gran manera del humor que tuviera Hanna ese día.

Pasaban las doce y media cuando sonaron unos leves golpes en la puerta donde la palabra “Dirección” indicaba quien se encontraba tras la misma y la voz recia de la alemana no dio lugar a dudas sobre la seguridad que tenía en que uno de los dos se encaminaba en esos momentos a “delatarse”.

- ¿Y bien? Así que el informe es de tu autoría ¿verdad? Porque si has entrado aquí por cualquier otro motivo que no sea hablar de eso sabes que me levantaré y te echaré a patadas… así que…

- Sí… lo hice yo. No quiero excusarme ni empeorar la situación más de lo que está sólo reconocer mis errores y ponerme a su disposición para lo que decida.

- Estupendo… esa es la actitud que esperaba de usted en el día de hoy, no una lastimera sarta de excusas estúpidas. Esto le honra así que por esta vez seré benevolente con usted y percibirá su sueldo íntegro este mes…

Un hondo suspiro se escuchó en la habitación reduciendo por unos instantes la tensión en el ambiente, pero Hanna no había terminado de hablar.

- Sin embargo, un error de este calibre no puede quedar de ninguna forma impune así que sin hacer demasiados aspavientos y sin que se le ocurra protestar por mi decisión, vaya a aquel rincón, quítese la ropa de cintura hacia abajo y ponga las manos en los tobillos.

Tras la puerta del despacho comenzaron a escucharse los primeros azotes dados con una vara contra las nalgas desnudas. Aunque no era la primera vez que castigaba así a alguno de sus subordinados siempre solía cumplir con unos ciertos “preliminares” pero en esa ocasión Hanna pasó directamente a la parte reservada a castigos más duros y sólo iba intercalando frases reprobatorias entre las tandas de azotes que precedían a los quejidos de quien los recibía.

Desde fuera la sintonía de silbidos, regaños y pequeñas quejas aisladas componía una excitante banda sonora que estaba empezando a causar efectos colaterales al otro lado de la misma. Desde el pasillo, se podían entrever las dos figuras, comprobar cómo las nalgas se veían ya enrojecidas y cómo se iban dibujando en ella una serie de líneas paralelas entre los azotes dados sin violencia, de forma pausada y con un elegante movimiento de muñeca de forma que el golpe era casi sutil y el castigo lo estaba siendo no por la fuerza empleada en él, sino por la perseverancia de quien lo llevaba a cabo.

Los quejidos se fueron transformando en jadeos poco a poco y el sonido de la vara al ser depositada sobre la mesa dio paso al de la fusta que también se empeñaba en tomar parte de la acción y un silbido menos prolongado que el anterior precedía de nuevo a los jadeos cada vez más intensos.

- Los últimos veinte vas a contarlos y van a ser con mi cinturón…




El castigo llegaba a su fin y todo estaba resultado perfecto. Hanna, los despachos… todo perfecto y Daniel tomó conciencia de que su miembro estaba duro como una roca y su nivel de excitación estaba llegando al máximo mientras las dos mujeres se acariciaban hasta llegar al orgasmo de puertas adentro y él hacia lo mismo desde el sitio donde estaba mirando “escondido” y se sintió satisfecho al pensar que había sido una magnífica idea hablar con su chica, explicarle su fantasía y encontrar aquella spanker mercenaria que les estaba cumpliendo a ambos de forma impecable ese sueño tanto tiempo acariciado y que ahora, por fin formaba parte de esos días que merecía la pena ser contados.

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Spanking OTK

Spanking OTK dijo

Hola, me gusta mucho tu blog. De hecho, te propongo que intercambiemos enlaces. Si lo deseas, puedes visitarme.

Saludos

16 Mayo 2008 | 04:54 PM

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Pues si... soy un poco maniática para esto de los blogs y no me gusta que se mezclen mucho los temas, así que además de seguir con el "Confessions on a spank floor" voy a dejaros aquí mis pequeños relatos sobre azotes. También me encantaría recibir alguna colaboración de los lectores, a ver quien se anima. Selene.

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