La Coctelera

Fantasías recurrentes... La erótica de los azotes.

21 Mayo 2008

¿Discutir por pagar?

Autor: Bilbo

Hay mucha gente para la cual la comida china en particular y la oriental en general tiene un cierto no sé qué exótico, y, por tanto, excitante, que los coloca en un estado propicio a hacer alguna locura de más y, sobre todo, proclive al atrevimiento sexual. Tal cosa sucedió a una pareja que conozco en una ocasión en la que él, contento por haber descubierto un nuevo restaurante, creo recordar que vietnamita, le dirigió a ella una mañana una invitación por correo electrónico para aquel mismo día a la hora de comer.

Durante la comida propiamente dicha todo se desarrolló según se podía esperar..., conversación agradable, alguna que otra gracia, anécdotas de la vida laboral de cada uno, sonrisas y, sobre todo, contacto visual continuo y profundo, pues las dos personas de las que hablo guardan en sus ojos algunas de sus mejores armas.

Se miraban, sonreían, jugueteaban entornando las pestañas... y en cada guiño, en cada mirada de soslayo, cada vez que uno de ellos sorprendía al otro distraído y podía observarlo a su antojo, se establecía entre los dos una tensión, por así decirlo relajada y agradable, un halo de provocación, de tentación permanente, quiero y no quiero, que centraba el diálogo más en el lenguaje corporal que en el de las palabras.

Así transcurrió la comida. Fue a la hora de pagar cuando se suscitó la situación que os refiero.

(¿Donde habré metido la cartera? Ah, sí, en mi bolso... ¿A ver? aquí está. Si me levanto ahora no me podrá detener.)

—¿Qué haces?

—Voy a pagar.

—No. Me toca a mí. Yo te dije que te invitaba.

—No. Tú ya has pagado otras veces. Esta me toca a mí.

—Oye... No. Te digo que... ¡Ven...!

(Bravo. Lo conseguí. Ahora no se puede levantar el también, porque la mesa está llena de cosas... mi bolso, mi abrigo, sus gafas... Ja, ja. ¡Te gané, pequeño! Pago yo, porque me da la gana.)

(¡Será desgraciada! Nunca me obedece. Qué pena que en este sitio haya que levantarse para pagar... No, no es una pena. En realidad es una suerte. ¡Que cuerpazo tienes amiguita! Soy un enfermo. Me la estoy imaginando... si ahora fuera por detrás y... ¡Buf, suficiente! Además, ¡me ha desobedecido! Bueno. Ya está el mal hecho. Voy a recoger todas las cosas... Pero se va enterar. ¡Ésta se entera hoy! Por supuesto que sí. Ya se me ocurrirá algo...)

—Te dije que pagaba yo.

—Sí, pero yo fui más rápida.

—No me gusta que me desobedezcas.

—Bah, ¿desobedecer? ¿Solo porque esta vez no he dejado que me invitaras?... ¡Vamos, debes estar de broma!

(La odio cuando sonríe así, con ese aire de triunfo... pero resulta encantadora ¡que diablos! Está preciosa. Me la comería. Bien pensado... ahora mismo iría y la sacaría del restaurante a azotes, por haberme desobedecido... Sí, eso sería fantástico. Levantarme; caminar despacio hasta allí, observándola con gesto adusto; llegar a su altura y, sin mediar palabra, agarrarla de un brazo y darle un azote... y luego otro, y después otro... ¡Demonio, eso sería el colmo!)

—¿De broma? Ni muchísimo menos. Vamos. Toma, aquí tienes. Tu bolso y tu abrigo.

(Jo, ¡que serio! Confío en que no se haya enfadado. ¡Que bien le queda la chaqueta! Me encanta como se la ha puesto, tranquilamente, mientras el chino este me cobraba. ¿Qué le correrá por la cabeza ahora? Seguro que está pensando cualquier maldad. ¿Y si esas maldades me incluyeran a mi? ¿y si me incluyeran besándolo? ¿y si me incluyeran con muy poca ropa...?)

(...y otro más. Sería deliciosamente excitante observarla dar saltitos hacia delante. Y otro más, y otro...; salvajemente excitante escuchar sus gritos de sorpresa o de indignación. Otro más aún, a ambos lados... cubriendo toda la superficie de su trasero, que dolieran mucho...; ver la vergüenza pintada en su cara cuando nos miraran de todas las mesas... Ah, ya estamos fuera. Ahora puedo hablar con toda libertad. Nadie nos oye.)

—¿Cuánto has pagado?

—Ja, ja. ¿Qué más da? La comida estaba muy buena ¿verdad? Me encanta el sitio al que...

—¡Que cuanto has pagado!

(¿Y esa voz? Que tono autoritario. ¿Qué se ha creído?)

—Pues..., veintitrés euros. Ja, ja. La ruina. Ja, ja, ja.

(Ups, no le ha hecho gracia. ¡Cómo me mira! Me está traspasando con la mirada. Me da miedo. No quiero mirarle a él. No puede ser que esté tan atemorizada... ¿Dónde hemos dejado el coche?)

—Veintitrés..., veintitrés euros. Veintitrés ¿verdad?

(Cría desobediente. Yo te enseñaré...)

—Sí..., veintitrés.

(Veintitrés. ¡Qué magnífica cifra! ¡¡Y qué magnífica excusa!!...)

—Veintitrés..., veintitrés..., veintitrés entonces. ¿Sabes lo que significa eso? Lo sabes ¿verdad? Sabes lo que has hecho, ¡no?

(¿Qué tontería es esta? ¿Lo que significa? Pues no, claro que no lo sé... ¿Qué le pasa?)

—Ja, ja, ja. ¿Lo que significa? Je, je, pues... no, sinceramente no. Ja, ja, ja.

(No lo sabes ¿eh? Pues es mejor que lo vayas pensando porque en cuanto lleguemos a casa vas a comprenderlo de golpe. Veremos si te ríes entonces tanto. Apenas lleguemos a casa pondré en práctica el castigo. Y como sigas de guasa te aseguro que va a ser muy doloroso.)

—Significa que me has desobedecido. Porque creo recordar perfectamente que mi correo decía “si estás libre te invito...”. Sin embargo, tú has decidido desobedecerme y reírte después muy divertida. Te hace gracia lo que has hecho ¿verdad? Te crees muy lista por haber sido tan rápida en levantarte y pagar ¿verdad?

(Jo, pero ¿que le pasa? ¡Solo ha sido una comida! Me da miedo cuando habla así. Apenas levanta la voz, pero cada palabra restalla como un latigazo...)

—¿Verdad?... Mírame.

(¡No te puedo mirar y lo sabes! ¿Por qué me tratas así? Me siento como una cría pequeña a la que estuvieran regañando. Pero ¡¡¡si ni siquiera me grita!!! Me estoy volviendo loca.)

—Muy bien. Perfecto. No me mires... Significa que me has desobedecido y que lo has hecho conscientemente. No pienso tolerarlo. En cuanto lleguemos a casa te voy a dar veintitrés azotes como castigo, niña desobediente. Uno por cada euro de esos que te ha costado tu bromita.

(¿Veintitrés azotes? ¡Qué gracioso! Nunca había oído nada igual... Ja, ja, sí que le debe haber sentado mal que pagara. Ja, ja... ¡Un momento! No estará hablando en serio... Esa mirada..., esos ojos... no parece tener ganas de broma en absoluto. Pero ¿veintitrés azotes? ¡Que ni sueñe con rozarme siquiera! ¡Qué se habrá pensado!)

(Esa sonrisa... es encantadora sí... pero yo no bromeo, señorita. Apenas lleguemos a casa te voy a dar tus veintitrés azotes... ¡Mírame! ¡Mírame, cobarde!... Perfecto, tienes miedo. ¡¡Perfecto...!!)

—Vamos. Sube al coche. Vamos a casa.

—¿A casa? Pero íbamos a tomar café.

(¿A tomar café? Ni lo sueñes... Va a ser mejor para ti que te convenzas de que me has desobedecido y de que vas a ser castigada... Uff, no puedo esperar para castigarte... Y no puedo esperar para ver tu reacción.... No puedo, no puedo...; tu trasero bamboleándose bajo los golpes; tus gritos de dolor... y después de placer... de placer mezclado con dolor... ¡Vámonos a casa ahora mismo!)

—A casa. Se me han quitado las ganas de café. ¡A casa!

(Hum, nunca he probado esto. Confío no equivocarme. En realidad, unos azotes le vendrán estupendamente, creo...)

(Pues a casa tendrá que ser, Señor Don Cascarrabias. ¡Hay que ver, que genio! ¡Con las ganas que tenía de tomarme un café...!)

Durante el trayecto apenas cruzaron palabra. Él no estaba realmente enfadado, pero no quería dejar entrever nada que no fuera un profundo enojo por su desobediencia. Ella confiaba no haberlo enfadado tanto como parecía, pero no estaba segura, y la duda le producía serios temores de ponerlo todo mucho pero si abría la boca más de lo conveniente. Cada uno de los dos por una razón distinta, ambos cooperaron a que reinara un tenso silencio durante el escaso cuarto de hora que tardaron en llegar.

(Me da miedo tanto silencio. Pero si digo algo y se enfada más...)

—No creo que sea para...

(¿No te das cuenta de que se supone que estoy enfadado? No me enciendas más, por favor, cariño... no lo pongas peor, anda... o reventaré antes de llegar... Ufff, no veo el momento.)

—Ah, cállate ya. Ya las has liado bastante.

(Sí que está enfadado. Jo, no lo puedo ni mirar. Tengo miedo ¡Qué estupidez! ¿Miedo de que mi novio me pegue? ¡Estoy nerviosa! ¡¡Nerviosa!! ¡¡¡Yo!!! ¿No se le ocurrirá hacer eso con que ha amenazado...? Seguro que no. ¡¡Espero que no...!!)

—¿Es que quieres que nos matemos? ¿O has decidido que veintitrés no son suficientes para ti y quisieras añadir los sesenta de la señal que te acabas de saltar?

(Rayos, eso sería la absoluta locura... Sesenta azotes en ese trasero; sesenta palmadas seguidas, una detrás de otra;, sesenta excitantes irresistibles cachetadas en tus hermosos globitos.. ¡¡Sesenta quizá son demasiados!! Bueno, veremos como reacciona... Espero que estemos revolcándonos mucho antes de alcanzar siquiera la mitad...)

—¡Ah! ¿Sesenta...?

(¿Había un sesenta?)

(Se lo ha tragado. ¡Ni siquiera sé si eran sesenta...!)

—No, bueno, es que...

(Ni lo he visto. Lo que faltaba.)

—Conduce - con - cuidado

(Por favor, ¡como remarca las palabras! Me aterroriza cuando habla con esa suavidad, con esa frialdad quirúrgica casi... Si no lo amara locamente diría que el sentimiento que más a menudo me provoca es miedo... Apenas me atrevo a mirarlo.)

(Estas nerviosa, tensa. No quieres mirarme y eso es bueno. Estás empezando a sentir el temor de la incertidumbre de lo que viene... Ni te lo imaginas, y por eso lo temes... ¡Perfecto!)

Este corto diálogo fue la única comunicación que se estableció entre ellos.

(Ya estamos en casa. Menos mal. Pensé que no llegábamos nunca. En cuanto estemos dentro la agarro del brazo y le doy un azote bien fuerte. ¡Saca la llave de una vez, hombre!)

(Ya estamos en casa. Menos mal. Pensé que no llegábamos nunca. En cuanto estemos dentro le daré un beso. Seguro que me perdona.)

—¡Ay! Pero ¿qué haces? ay, ayyyy. Suéltame, bruto.

(¡Ven aquí! ¡No te muevas! ¡Toma! ¡Toma otro más! Hmm)

—¡Ay! ¡¡¡Salvaje, brutoooo!!!

(Pero ¿qué está haciendo? me está dando az... ayyy, jo, ¡me duele!)

—¿Ves lo que pasa? ¿Ves las consecuencias de desobedecerme? ¿Ves?

(Te lo pienso poner completamente rojo. ¡Que pedazo de trasero tienes, mi amor! Dentro de poco va a parecer un tomate maduro.)

—¡Ay! Pero, déjame, suéltame. No me puedo cre... ¡¡¡Ayyy!!!

(Con que no te lo puedes creer ¿eh? ¡¡Toma!!)

(Me está azotando como si f... ¡ayy, ayyy! ¡Que salvaje! En cuanto me suelte le araño ¡Le voy a denunciar!)

(No se te ocurra darte la vuelta. ¡¡Toma!! ¡¡Toma otro más!! Voy a reventar de placer... Y ahora.. ¡la falda!)

—Como no pares te voy a.... No, ni se te ocurra subirme la falda. ¡¡¡Nooo!!!

(Por supuesto que sí. A las niñas malas se les azota sobre las bragas. Ayy, ufff. ¡Adoro esas piernas! ¡Qué hermosura! ¡¡¡Toma y toma!!! ¿Te duele?)

—De broma, ¿verdad? Creías que estaba de broma, ¿eh? ¡Revoltosa!

(¡Qué vergüenza! ¡Me va a pegar en las bragas! Ufff, ayyy, iiiih, ahh... ¡No puede ser!)

(Si sigues dando tirones te harás daño. Estate quieta. ¡Toma! Así, sobre las bragas causan más impresión ¿eh? ¡Toma! ¡Toma! ¡Que pedazo de culo tienes, cariño!)

—Te dije que te castigaría y te lo tomaste a broma ¿no? Pues ya ves que no bromeo. Ya ves que iba en serio.

(¡Y tan en serio! No sé cuanto más voy a poder aguantar. Me vuelve loco azotarte. Me desarmas con esos grititos)

—Ay, no, bruto, ayyy, no, no me pegues más.... snifff, sniff. Uuuuhhh. No, ya basta, por favor. ¡¡¡Bastaaa!!!

(¿Qué es lo que me está pasando? No deseo que pare... ¡Cielos, me duele a rabiar pero... no deseo que pare!)

(Diría que eso último fue un jadeo. La verdad es que tienes un cuerpo glorioso, mi amor. Me encanta como te retuerces. ¡Toma! Aún unos pocos más.)

—No, no basta. Dije veintitrés y te llevarás veintitrés.

(¿Veintitrés? Bueno, ¿y cuantos va? ¡¡¡No puede ser!!! Si hasta me siento mojada. Me estoy excitando horriblemente. No, cielo, no pares. No. Veintitrés solo no)

—Uhh, ayyy, uy, mmmm.

(¡Toma ¡Cielos, qué culo...! ¡Como se bambolea! Ay, ay, no voy a aguantar mucho más... Uff.)

(¡¡¡Cabrón!!! Me estás destrozando el trasero y me estás volviendo loca. Serás hijo de... Ayyyyy, uuuuuffff)

—No se te ocurra volver a desobedecerme o ya sabes lo que te pasará ¿me oyes?

(¡Toma! Ayyy, uff, uff.)

—¡¡No!! ¡¡¡No, nunca más!!! ¡Te lo prometo! ¡Nunca más te desobedeceré! ¡¡¡¡Ayyy!!!!

(¡Ven aquí, salvaje! ¡Ven, bruto! ¡¡Ven!! ¡¡Ni se te ocurra irte ahora!!)

No hablaron más.

Mirándolo, jadeante, con una mezcla de excitación y furor, aún enfadada por haber sido sometida a ese castigo que ni soñaba, pero tremendamente encendida por el efecto de los azotes, del dolor y de la sensación de autoridad y control que le había trasmitido la presión de su mano en el antebrazo durante la azotaina, buscó su boca y la devoró literalmente.

Lo besó con furia, bebiéndose su beso a tragos, mordiéndole le lengua. Mientras lo hacía se restregaba contra él, procuraba atrapar una de sus piernas entre las suyas y restregaba su entrepierna contra ella y acariciaba su espalda con ambas manos con una intensidad tal que corría peligro de arrancarle la camisa.

El, aún sorprendido por esta súbita reacción, que colmaba sus esperanzas más allá de cualquier utópico pronóstico, trató de conducirla poco a poco hacia la habitación. No se sustraía su cuerpo a las urgencias del momento y, mientras pugnaba por desprender algún botón de su blusa y por liberar al menos uno de sus pechos de la apretada copa del sujetador para poder pellizcarlo a gusto, el bulto de su más que patente erección se abrió camino entre sus cinturas apretadas.

Ella se sentía fuera de control y actuaba descontroladamente, con un único objetivo y un solo deseo, superior a sus fuerzas: satisfacer el anhelante, apremiante torrente de deseo que le había provocado el sentir su trasero azotado de aquel modo, con la falda arrugada en su cintura y la leve tela de sus bragas interponiéndose, por toda protección, entre su piel y los golpes.

Dejando un reguero de ropa torpemente desabrochada, alcanzaron finalmente la cama y, arrastrándolo sobre ella, terminó de liberar aquel miembro prominente que amenazaba con desgarrar las costuras de su ropa interior. Sin darle tiempo, siquiera, a hacer ni un movimiento se colocó a horcajadas sobre él y comenzó a cabalgarlo con fruición, a mover descontrolada y repetidamente su cintura, sintiendo como entraba en ella una y otra vez.

Él, con los ojos semicerrados, navegaba en un mar de pasiones y deseo, absolutamente enajenado por el exitoso desenlace de su decisión; una decisión, la de azotarla en castigo por su desobediencia, que, por atrevida, nunca se había sentido totalmente capaz de tomar; una decisión, al fin y al cabo, que se sentía finalmente feliz de haber adoptado.

Sintiendo su cuerpo moverse al ritmo de las sucesivas acometidas y la cada vez más inaguantable sensación de placer y de abandono, puso ambas manos detrás de ella, pellizcando su trasero y estrujándolo, volviendo a azotarlo por momentos.

(¡Sí! ¡Pégame! ¡¡¡Pégame, más, máaas!!! ¡¡¡Bestia, azótame, brutoo!!! ay, ayy, ufff, ay, hmm, hmm, mm...)

No resistieron un segundo más. No pudieron. Sus cuerpos actuaron por ellos y decidieron, simultáneamente, liberar la tensión acumulada, la excitación contenida, la pasión desbocada por los acontecimientos. Y lo hicieron explotando en un largo orgasmo, simultáneo, intemporal, etéreo, irreal, pero físico, casi dolorosamente físico y profundo.

* * *

El cobertor, con su furioso estampado de colores chillones, apenas alcanzaba a medio cubrir aquellos dos cuerpos entrelazados, jadeantes, sudorosos..., abandonados por completo a los ecos del supremo placer que se acababan mutuamente de regalar.

—¿Sabes? —dijo ella al fin.

Él le contestó en apenas un susurro, sin abrir los ojos.

—¿Qué?

—Creo que no me gusta la comida china—. Y una espontánea carcajada invadió la habitación.

El se volvió, entonces, de pronto, sujetándola con el brazo sobre el que ella yacía, tratando de voltearla, y pugnaba por obligarla a ofrecerle de nuevo su trasero.

—Te voy a...

servido por relatosselene 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

la-teta-en-el-ojo

la-teta-en-el-ojo dijo

curiosos post!

seguiré por aquí

saludos

la teta

21 Mayo 2008 | 05:31 PM

SpankeeBCN

SpankeeBCN dijo

uo jajaja
me ha encantado :)

11 Junio 2008 | 11:29 AM

traviesa queretana

traviesa queretana dijo

ja ja ja, que bueno que ese spanker no carece de sentido del humor.. además de contar con una inventiva bárbara!!!.... lo mejor de todo es que terminaron acoplándose el uno al otro y weeea!... eso, en esto del spank... es simplemente genial.

Saluditos de nuevo, Selena y Bilbo!

29 Septiembre 2008 | 07:31 AM

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Avatar de relatosselene

Fantasías recurrentes... La erótica de los azotes.

ver perfil »
contacto »
Pues si... soy un poco maniática para esto de los blogs y no me gusta que se mezclen mucho los temas, así que además de seguir con el "Confessions on a spank floor" voy a dejaros aquí mis pequeños relatos sobre azotes. También me encantaría recibir alguna colaboración de los lectores, a ver quien se anima. Selene.

Fotos

relatosselene todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera